¿Cuánto “aguantan” los
vinos argentinos de alta gama? Una reciente degustación informal entre amigos
permitió valorar ese potencial de un modo bastante ilustrativo.
Degustar vinos con amigos es, de por sí, una buena
experiencia. Pero si esos amigos comparten el gusto por los buenos especímenes
que brinda la enología, la cosa puede ser realmente para no olvidar. Así le
ocurrió hace pocos días al que suscribe en ocasión de cierta cena celebratoria
llevada a cabo en los altos de JA!,
la excelente vinoteca de Joaquín Alberdi del barrio de Palermo. Independientemente
de la apetitosa comida que disfrutamos (con algunos manjares no convencionales,
como carnes equinas), el eje temático vinícola seleccionado transitó por el
lado de los grandes vinos argentinos con varios años en botella. Para ello se
eligieron siete prototipos tintos, a los que se sumó un blanco y un espumante,
todo ello perteneciente a añadas ubicadas entre el 2000 y el 2007. También se
hallaban presentes dos genuinos representantes del champagne francés, cuya descripción
incluimos a título meramente descriptivo.
La noche vínica fue abierta con un Rutini Brut Nature 2005, dotado de color ámbar intenso con tonos
dorados. Entre burbujas impecables aparecieron aromas ricos, de tipo fruta blanca
confitada y pan tostado, que no habían perdido frescura ni vitalidad. Luego le
llegó el momento a la dupla de franceses compuesta por De Saint Gall Premier Cru Brut Millesimé 2004 y GH Mumm Brut s/a. El primero sorprendió
por su frescura cítrica, con dejos de limón, leves puntos levados y mucha
lozanía, como sugiriendo que aún le quedaba tiempo para vivir en su botella. El
Mumm mostró un aspecto cromático similar, con reflejos dorados, aunque su sabor
fue bien delicado, etéreo, igualmente
fresco y complejo. Tras un brevísimo intervalo, continuamos con una rareza
blanca jamás conocida por el mercado formal: Bodega del Fin del Mundo Sauvignon Blanc, cosecha 2003 o 2004 (al
ser una muestra no hubo certeza respecto a ese dato), criado 18 meses en roble.
Podemos decir que fue el vino más inesperado de la noche por color y
naturaleza, auténticamente remarcable para todos los presentes. El matiz
amarillo bien subido pero muy brillante estaba en sintonía con su aroma
extremadamente profundo y envolvente, lleno de tonos a miel, madera, compota de frutas y otras
sensaciones que abrieron paso a un sabor bien untuoso (tal vez con unos gramos de azúcar
residual) y muy prolongado. Salvando las distancias, fue algo así como un
Sauternes, pero más seco y de la Patagonia.
A la hora de comenzar con los tintos le tocó el turno a la
misma bodega con su Special Blend 2007.
Lo encontramos maduro pero bien vivo, como lo reflejaba el color bordó con
menisco teja. En la nariz tenía notas de fruta madura y almendras preanunciando
el gusto pleno, sedoso, amplio. Un Rutini
Malbec 2006 servido a continuación hizo alarde de estilo con sus aromas y
sabores etéreos y especiados, mientras que el Séptima Gran Reserva 2006 posterior tenía un carácter más marcado
de cuerpo y estructura, con efluvios ahumados y sabores opulentos. Siguiendo el
orden cronológico descendente se sirvió Flichman
Dedicado 2004, el tope de gama de la bodega homónima compuesto por Cabernet
Sauvignon, Malbec y Syrah con 12 meses de crianza en barricas de roble francés.
Añejo pero digno, de color rojo virando al ladrillo, con remanentes de fruta
roja y bastante café, cuero y nuez, se mostró entero, con cierta frescura
elegante. De la misma cosecha era el Salentein
Numina Gran Corte 2004 (Malbec 70%, Merlot 30%), integrado a la condición
mayoritaria de lo probado, es decir sin achaques, entero, complejo, cálido,
profundo y envolvente, al igual que el Finca Las Moras Gran Syrah 2004, rico,
expresivo de su identidad varietal en una faceta temporal prolongada y poco
común, al menos para ser apreciada con frecuencia.


2 comentarios :
Gran nota Gustavo!! Felicitaciones!!
Amigo Gustavo, muy buena degustación plasmada en tu nota, ademas 2 grandes vinos patagonicos de mi autoría. Felicitaciones,un gran abrazo y salud!!!
Publicar un comentario