VIENTOS DE CAMBIO

La industria vitivinícola argentina vive su peor crisis desde 1990. Frente a los inminentes e inevitables cambios que se avecinan en el país, el sector del vino deberá atravesar profundas modificaciones estructurales.


En materia de vinos argentinos, las últimas dos décadas  presentaron un panorama que todos recordamos: reconversión de viñedos, actualización tecnológica de bodegas y conquista de los principales mercados externos con la iniciativa privada como principal factor de evolución. Todo eso se logró en poco  menos de veinte años, pero los recientes desequilibrios de la economía  han llevado al sector a un punto de crisis en el que se perdieron posibilidades y mercados. Si el año próximo conlleva un profundo giro en el rumbo del modelo económico (tal como parece), ello va a repercutir en la industria que nos convoca. ¿Cuáles podrían ser los principales puntos que marquen el devenir vitivinícola nacional? Veamos:

- Mayor diversificación de mercados externos: aunque un poco tarde, el sector del vino entendió que poner el enfoque internacional en pocos destinos acarrea severos riesgos, más aún cuando la mayor parte de las ventas externas se concentra en un solo país. Si Argentina lograra recuperar aquella dinámica que la estaba llevando hacia el liderazgo sudamericano en materia de exportaciones vinícolas, debe quedar claro que una de las claves del éxito será “apuntar hacia todos lados”, por decirlo de un modo simple.
- Transparencia en la comercialización local: especialmente en la Ciudad de Buenos Aires y alrededores, el sector de la comercialización minorista se ha vuelto parasitario, al punto de medir el negocio en función de lo que obtiene de sus proveedores y no de lo que vende. Márgenes excesivos, descuentos abrumadores, dádivas compulsivas en mercadería y otros hábitos perversos sólo lograron aumentar los precios mientras espantaban al consumidor. La propia crisis va a hacer  que muchos de estos emprendimientos vividores e  ineficaces -que sobreviven  merced a la sangre de las bodegas- desaparezcan en los próximos meses, pero lo que hay que desterrar es algo mucho más profundo: nada menos que las malas prácticas comerciales.
- Eficiencia en los costos: un problema importante para cualquier empresa argentina de nuestros días, pero crucial para la vitivinicultura. En medio de un panorama tan inestable y volátil las bodegas de nuestro país deben acostumbrarse a hacer sus números de manera constante y “fina”.
- Sinceramiento de precios y reaparición de los segmentos: si acaso se lograra mejorar el tema de la comercialización en el marco de una economía sana, estable y previsible, lo lógico sería que volvieran a aparecer los segmentos que tanto ayudaban al consumidor en su elección cotidiana. Hoy no existen parámetros de relaciones entre precios y calidades. En las góndolas actuales, por ejemplo, un valor de cien pesos no significa absolutamente nada, porque allí conviven cosas tan dispares que imposibilitan cualquier análisis dentro de grupos  más o menos determinados. Un mercado saludable es aquel que presenta escaños cualitativos con precios mínimos y máximos bastante bien definidos, como ocurre en los países serios del mundo, y como ocurría aquí también no hace mucho tiempo.
- Mejor utilización de los recursos comunes: por su carácter naturalmente individual y egoísta,  la industria del vino argentino pocas veces se une en pos de un objetivo común, y muchos menos cuando eso implica utilizar el dinero de  sus actores. Sin embargo, hemos visto en los últimos años el derroche de recursos pertenecientes al sector (y a veces al erario público) en fútiles campañas de promoción orquestadas por personas que parecen ignorar por completo la filosofía del consumidor local. Sin dudas, una comunicación coherente necesita decisiones más acertadas al respecto.

Cambios profundos implican transiciones de pensamiento, de visión estratégica, y todo eso junto produce un cambio de paradigma. Tal vez los próximos años vean a la industria del buen vino nacional como en sus mejores tiempos, empeñada en mejorar la calidad y conquistar el mundo

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