Un refrán
dice que “el que escucha consejo, llega a viejo”. Para el amante del buen vino,
las recomendaciones constituyen una guía que ayuda a aprender, comprar, guardar
y probar. Aquí van entonces cuarenta postulados escritos en otras épocas de la
industria y del consumo, pero que jamás dejan de ser útiles.
Lo bueno de tener muchos años en esta actividad es que
el tiempo otorga una perspectiva inmejorable. A través de los años, uno logra
percibir las cosas que se extraviaron en el frenesí de modas y tendencias (la mayoría),
y también aquellas que no perdieron validez a pesar de tales evoluciones. Por
eso, me pareció interesante recrear cuatro “decálogos” incluidos en diferentes
libros escritos hace ya más de una década. No obstante esa distancia cronológica,
las ideas que transmiten parecen inmunes
al paso del tiempo y resultan tan valederas hoy como hace diez o quince años.
Se trata de cuatro nóminas con proposiciones para la degustación, el
aprendizaje, la compra y la guarda de vinos. Si acaso alguien encuentra alguna
utilidad en una sola de estas premisas (o en el concepto general que
transmite todo el conjunto), su propósito esencial estará bien justificado.
Decálogo del buen degustador
1. La degustación es el acto esencial y culminante del
mundo del vino. En el momento de catar, el consumidor se convierte en juez
inapelable que evalúa y juzga la calidad del producto.
2. Ser un buen degustador implica juzgar a los vinos
por lo que son como tales y no por sus marcas, etiquetas o precios.
3. Las condiciones de cata deben asegurar la correcta
apreciación de los colores, aromas y sabores naturales del vino.
4. En función del punto anterior, el vino debe ser
probado sin distorsionar sus características. Durante una degustación no se
deben utilizar perfumes, ni fumar, ni tener en el paladar ningún resabio de
sabores percibidos con anterioridad. Por la misma razón, no es recomendable
consumir chicles, caramelos o pastillas en las dos horas previas.
5. Los momentos calmos y tranquilos son los más
adecuados para degustar. El bullicio, el apuro y el estrés no son buenos amigos
en ese sentido.
6. La copa es el instrumento primordial de todo buen
degustador. Las mejores son aquellas de cristal o vidrio incoloro, con sus tres
partes claramente diferenciadas: el pie, el tallo y el cáliz. No hay que
sostener la copa por el cáliz sino por el pie o el tallo, dado que el contacto
prolongado de la mano con la parte que contiene el vino impide ver su color y
puede modificar su temperatura.
7. Los matices del vino se analizan de un modo regular
y cronológico. Primero se utiliza la vista para observar los aromas, luego el
olfato para detectar los aromas y finalmente el gusto para percibir los
sabores. Es importante medir la persistencia del vino en el paladar, una vez
ingerido.
8. Cuando se van a degustar varios vinos, primero se
prueban los blancos y luego los tintos. Los secos se sirven y degustan antes
que los dulces y los más jóvenes antes que los más añejos.
9. Siempre es bueno recordar que en toda degustación
hay una alta dosis de subjetividad, donde entran en juego los gustos y hábitos
de consumo de cada persona.
10. Para ser un buen conocedor, primero hay que ser un
buen degustador. Los que realmente saben lo demuestran con una copa en la mano.
Decálogo del buen conocedor
1. El vino reúne a la gente. Resulta altamente
positivo acercarse a los que comparten el interés por el tema. Las cofradías,
los grupos de degustación, los clubes o las simples reuniones de amigos son
buenas alternativas.
2. Nunca hay que aparentar saber más de lo que uno
sabe. Siempre es preferible un conocimiento modesto y sólido a las posturas
pretensiosas pero frágiles.
3. Jamás debe recurrirse a la adivinación cuando se
degustan vinos. Los catadores que, con apenas un sorbo, aciertan
invariablemente con el año de cosecha y la ubicación exacta del viñedo existen
sólo en las películas.
4. Las mejores opiniones sobre un vino son las que se
expresan en pocos términos, utilizando palabras sencillas pero muy evocadoras,
que transmiten bien la intención que se les quiere dar.
5. En todo momento, hay que ser fiel a uno mismo. No
es bueno dejarse llevar por las modas o por el juicio de los demás. El propio
paladar tiene que ser el que determina lo que a uno le agrada.
6. Las discusiones y debates sobre vinos con otros
aficionados siempre resultan útiles. Las ideas y los criterios ajenos deben ser
respetados, aunque no coincidan con los propios puntos de vista.
7. Es necesario leer e informarse de un modo
constante, probando los nuevos vinos que salen al mercado, manteniéndose
actualizado y siendo un consumidor inquieto.
8. No hay que derrochar el dinero pagando solamente
por la marca. La etiqueta es un elemento externo que no garantiza la calidad y
no siempre justifica el precio.
9. Si el presupuesto lo permite, de vez en cuando bien
vale la pena darse el lujo de un gran vino, o al menos del mejor que cada uno puede comprar.
10. Nadie en el mundo lo sabe todo sobre vinos. El
auténtico conocedor transita el camino del vino en una permanente actitud de
aprendizaje. La más noble de las bebidas nos ofrece una fabulosa diversidad
para ir recorriendo en forma constante.
Decálogo del buen comprador
1. Los mejores lugares para comprar vinos son los comercios especializados y los grandes
puntos de venta (vinotecas y supermercados), donde la buena rotación de los
productos impide la presencia de botellas con el tiempo suficiente como para
presentar problemas de decrepitud.
2. Cuando se hacen compras en comercios pequeños, no
especializados o de poca rotación (minimercados o almacenes) hay que actuar con
cautela. La observación del estado exterior de las botellas es la herramienta
más útil para saber el estado de los vinos. Aquellos envases que han acumulado
polvo en los hombros indican un tiempo prolongado de estiba en posición
vertical.
3. Jamás deben aceptarse botellas sacadas de la
vidriera, ya que el calor y la luz excesiva seguramente han alterado su
contenido. Las etiquetas amarillentas o descoloridas son indicio de una larga
exposición a la luz directa del sol.
4. Elegir vinos exige serenidad y tiempo. En el
supermercado, son necesarios no menos de quince o veinte minutos para recorrer
la góndola de los vinos con toda tranquilidad.
5. Las botellas del fondo de la estantería son las
menos dañadas por la luz y el manoseo de la gente.
6. Los vinos se compran pensando en la ocasión en que
serán servidos, lo que ayuda a tener siempre a mano el vino indicado en el
momento preciso.
7. No es bueno comprar vinos porque sí, con el mero
propósito de acumularlos. Lo mejor es tener un stock con buena rotación, donde
se van reponiendo las botellas que se consumen.
8. Una actitud desprejuiciada ayuda a adquirir vinos
de manera inteligente. No hay que encasillarse en una marca, en un color o en
un cierto tipo de vino. Para conocer de vinos es necesario familiarizarse con
la mayor gama de productos posibles.
9. El modo de comprar debe ser atento y razonado. En
ese momento, más que en ningún otro, es cuando valen los conocimientos sobre el
tema.
10. Una vez compradas, las botellas tiene que ser
tratadas con cuidado. El vino es un elemento vivo y puede sufrir las
consecuencias de cualquier maltrato.
Decálogo del buen conservador
1. No es cómodo vivir comprando los vinos para el
"día a día". De acuerdo a las condiciones de la vivienda personal,
siempre es posible destinar algún rincón para la guarda de botellas.
2. La bodega casera no es un espectáculo para los ojos
de las visitas y por ello no debe situarse en un lugar vistoso. Mucho mejor es
ubicarla en un lugar oscuro, fresco y tranquilo, donde los vinos pueden
evolucionar en la serenidad de la botella.
3. La selección de los vinos que han de ser guardados
debe hacerse siguiendo un criterio inteligente y amplio. La reserva hogareña
también puede tener vinos de consumo diario, pero éstos deben ser los de mayor
rotación. Por ese mismo motivo, lo más
práctico consiste en ubicarlos en el lugar más accesible de la bodega,
destinando los rincones más alejados para los vinos que se van a estacionar más
tiempo.
4. No hay que adquirir vinos para la cava personal
teniendo en cuenta únicamente la marca o el precio, sino también los factores
que los hagan propicios para una vida en botella lo más larga y positiva
posible.
5. Las botellas se estiban de manera cuidadosa, a fin
de asegurar su conservación sin ningún tipo de accidentes.
6. El registro detallado de las botellas constituye un
ejercicio útil y práctico, anotando los datos de los vinos y reservando un
espacio para el comentario de la degustación. Luego de varios años, la revisión
de los vinos probados puede ser también una manera de recordar buenos momentos.
7. Los mejores vinos no se abren en cualquier ocasión
sin importancia, pero tampoco tiene sentido guardarlos para grandes momentos
que, al final, nunca llegan o no son lo suficientemente importantes. Un buen
acontecimiento para descorchar un gran vino puede propiciarse organizando una
comida con la familia o los amigos.
8. Cuando se abre un gran vino añejo, la jornada debe
transformarse en un placer para los sentidos. No hay que dudar en echar mano a
la mejor cristalería disponible y en cuidar todas las condiciones del servicio.
9. Para gozar en plenitud el contenido de una gran
botella son preferibles las comidas de sabor honesto y sencillo, sin muchos
condimentos ni ingredientes pesados. De esa manera, el vino se luce mejor y no
se pelea con el sabor del plato.
10. Si un gran vino añejo no satisface todas las
expectativas previas puestas en él, no hay que alarmarse ni deprimirse. La
vida, sin dudas, siempre vuelve a dar otras oportunidades al respecto.Foto: Flickr CC velocity365


0 comentarios :
Publicar un comentario