BLANCOS EN EMERGENCIA

A pesar de que todo el mundo está de acuerdo con lo ricos que son, con lo adecuados que resultan para el verano y con lo injustamente olvidados que están, nadie parece poner sus fichas en los vinos blancos de una manera seria y comprometida.


Hace no mucho tiempo nos referimos a los vinos frizzantes, que bien podrían ser materia de estudio entre los especialistas del marketing vitivinícola, como un verdadero ejemplo a seguir. Un segmento de vinos que no existía hace quince años terminó convirtiéndose en un verdadero furor de ventas, con gran cantidad de bodegas abocadas a su producción, promoción y comercialización. Semejante fenómeno tiene varias explicaciones, pero la principal es se basa en la unanimidad de criterios que reina entre las empresas cuando tienen que elaborar o vender un producto dotado de semejantes características. Más allá de las lógicas variaciones de calidad entre las diferentes marcas, (que, en general, no son abismales), resultan notorias las similitudes de estilo en los vinos, en su vestimenta y en su comunicación. Dicho de otra manera: la industria supo interpretar perfectamente a quiénes estaba dirigido ese tipo de etiquetas y actuó en consecuencia. ¿El resultado? Un éxito de ventas, tal vez el más inesperado de los últimos años.


El tema sirve para traer a colación el caso inverso, el de los vinos blancos secos, que parecen estar convirtiéndose en un “karma” de la actividad. Nadie parece saber cómo hacer para incrementar su consumo de una manera pronunciada y sostenida, más allá de los furores ocasionales por tal o cual varietal. Casos como los del Viognier, el Pinot Gris y el Sauvignon Blanc tuvieron sus quince minutos de gloria, pero luego, invariablemente, se estabilizaron y comenzaron a decaer lentamente. Ninguno de ellos ha sido una ayuda significativa para remontar el alicaído consumo nacional de vinos blancos. ¿No va siendo hora, tal vez, de plantear un debate al respecto entre los distintos actores del sector? Salvando las diferencias, si se pudo hacer con los frizzantes, ¿no se podrá hacer algo parecido con los blancos secos? No soy un entendido en marketing, pero hablo bastante con la gente común y puedo, al menos, hacer un pequeño aporte desde ese punto de vista. De acuerdo con mi leal saber y entender, la imagen del vino blanco se encuentra transitando un franco proceso de deterioro que tiende a acentuarse día a día. Contrariamente a lo que se cree, las ideas negativas que históricamente lo rodearon se están afianzando. Aquellos prejuicios del “vino para mujeres”, que “hace doler la cabeza” o que es “más químico” no están despareciendo, sino todo lo contrario. Como un círculo vicioso, el menor interés de la industria, el comercio y la prensa en el segmento actúa como un alimentador del problema: cuanto menos se habla de los vinos blancos, se los produce o se los ve en las estanterías, menos posibilidades hay de mejorar un poco su mala imagen.

Por eso, creo que el primer paso debería ser un profundo estudio de mercado tendiente a averiguar por qué la gente tiene esas ideas tan arraigadas en su conciencia de consumo, y cómo hacer para revertirlas. Un trabajo serio podría, no tengo dudas, plantear un diagnóstico acertado, e incluso trazar algunas ideas acerca de los posibles caminos a seguir para modificar esa tendencia tan lamentable. Para todo ello hace falta, desde ya, la voluntad y el consenso de todos los que estamos vinculados a la industria de una u otra manera. Si es así, quizás tal vez todavía resulte posible rescatar a los blancos del abandono y el olvido que vienen sufriendo desde hace tanto tiempo.

0 comentarios :