Si observamos el desarrollo del mercado de los vinos
argentinos, el fenómeno que se produce desde el año 2000 está relacionado con
el aumento de la variedad de opciones, pero tal proceso debe ser analizado
desde un punto de vista lógico. Por un lado, es evidente que la aparición de
muchas bodegas facilitó la proliferación
de un mayor número de vinos. Pero también, resulta más instructivo observar el movimiento de las
marcas desde la perspectiva de las líneas de productos que ya existían hacia
mediados de la década de 1990. Y ahí es donde se alcanzan a percibir las
tendencias más importantes, las que terminaron dándole forma al actual mercado
doméstico, las que delinearon el camino seguido por los nuevos jugadores del
negocio.
Hasta la época recién señalada, que abarca el período
1994 - 1999, las bodegas contaban con líneas de productos no muy numerosas y
poco segmentadas en sí mismas. Vale decir, una línea económica, una o dos
intermedias y algún vino superior, emblemático de la casa. Eventualmente, este
espectro se veía enriquecido por líneas de espumantes o vinos especiales. Pero
las cosas se modificaron vertiginosamente a partir del nuevo siglo, con una
multiplicación marcaria que no sólo abarcó el surgimiento de nuevos nombres,
sino que comprendió también la aparición de infinidad de variantes dentro de
una misma denominación comercial. Así empezó a desarrollarse el actual y típico
portafolio de las bodegas argentinas, que incluye, en escala de precios
ascendentes, vinos "de batalla", vino varietales jóvenes, vinos
varietales con roble, blends de crianza, vinos "ultra premium" y,
finalmente, los inalcanzables "íconos de bodega". Nadie puede dudar
que cada bodega argentina moderna desea contar con una gama de productos acorde
a la variedad precedente (como mínimo) más allá de la posibilidad práctica de
hacerlo, ya que semejante batería de opciones implica una estructura comercial
ágil y una distribución impecable. En otras palabras: para contar con muchas
marcas vendibles hay que tener, inevitablemente, buen capital y anchas espaldas
financieras.
Mientras esto sucedía, los precios mostraron una avance sostenido, que comenzó a hacerse más notorio a partir de 2002 con la salida de la convertibilidad y más recientemente,con el progresivo aumento de la inflación. Hoy por hoy, el factor precio resulta determinante para separar segmentos, más allá de la dinámica confusa que impone nuestra economía. Por eso, elegimos siete vinos tintos que corresponden a un peldaño más o menos coherente en octubre de 2014, que va desde los 130 hasta los 250 pesos.
Mientras esto sucedía, los precios mostraron una avance sostenido, que comenzó a hacerse más notorio a partir de 2002 con la salida de la convertibilidad y más recientemente,con el progresivo aumento de la inflación. Hoy por hoy, el factor precio resulta determinante para separar segmentos, más allá de la dinámica confusa que impone nuestra economía. Por eso, elegimos siete vinos tintos que corresponden a un peldaño más o menos coherente en octubre de 2014, que va desde los 130 hasta los 250 pesos.
Dinastía Malbec-Cabernet Sauvignon 2010 ($ 130): un corte tradicional para este tinto relativamente nuevo en las góndolas. De aroma rico, con bordes vegetales y frutados que concluyen en el sabor vibrante, de taninos vivos pero nada secos. Ello le transmite una imagen de vino bien acomodado a su precio.
Humberto
Canale Old Vineyard Pinot Noir 2012 ($
165): no hacen falta muchas explicaciones para presentar esta etiqueta en
vista de su prestigiosa bodega madre, pero yo agregaría que es un Pinot de
viñas viejas, lo que no abunda en nuestro país. Muy típico, elegante, sedoso,
complejo y mineral, como corresponde a su cepa.
Catalpa
Pinot Noir 2012 ($ 190): seguimos con Pinot y nos vamos al lugar más propicio
para satisfacer sus necesidades vegetativas en la provincia de Mendoza, es
decir, el Valle de Uco. Otra vez nos encontramos con un color rubí delicado, un
aroma rebosantede acentos terrosos y
fruta roja y un gusto opulento pero fresco, muy armónico.
Riccitelli
Cabernet Sauvignon 2012 ($ 200): en
general, los Cabernet Sauvignon de Mendoza se destacan por su porte bien
frutado, diferente a los del NOA, de estilo más terroso y vegetal. Ello se
ejemplifica bien en este ejemplar que muestra su esencia cuyana con vehemencia:
color rojo bordó violáceo, aromas de frutas maduras y gusto potente, de taninos
presentes y largo final. Muy apto para esperarlo en la botella.
Montechez
Cabernet Franc 2012 ($ 225): buen representante de una variedad que parece ser la
nueva estrella de los viñedos patrios, al menos en el ánimo de bodegueros y
técnicos. Aquí sí encontramos ese tono de pimiento rojo tan agradable para
muchos, entre los que me cuento. Vino caro pero realmente rico.
Celedonio
Cabernet Sauvignon 2012 ($ 235): mucho se
habla sobre el equilibrio entre fruta y madera, y ese debate se vuelve cada vez
más vigente a medida que las gamas son más altas. El Celedonio Cabernet
Sauvignon exhibe un gran balance entre los efluvios de la madera nueva y cierta
sensación que recuerda a fruta dulce, madura, que conforman su perfil
contundente y sabroso. Tinto poderoso, corpulento y cálido.
Sophenia
Synthesis Malbec 2012 ($ 255): un vino de alta gama de doscientos pesos ya no asusta
a nadie, en especial cuando ese precio va unido a una calidad acorde. En este
caso nos encontramos con un Malbec sobresaliente por donde se lo mire, amplio,
elegante, mineral, equilibrado, de esos que se disfrutan hasta el último sorbo.


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