SI VAS A CATAR CON AMIGOS...

A la hora de evaluar un puñado de vinos y emitir juicio sobre sus calidades, existen muchos factores capaces de modificar nuestra percepción. Algunas fallas muy comunes tienen un gran peso sobre nuestra conciencia y pueden llegar a distorsionar la validez de una degustación.


Aunque no imprescindible, la modalidad “a ciegas” es recomendable como la mejor manera de llevar a cabo los encuentros destinados aprobar, comprar y juzgar vinos.  Más allá de los requerimientos básicos de lugar, temperatura ambiente, copas y demás detalles técnicos, hay que tener en cuenta una serie de circunstancias que pueden desvirtuar por completo la cata comparativa mejor intencionada, casi siempre referidas a la falta de coherencia temática entre los vinos elegidos. Al respecto se pueden citar los siguientes - y frecuentes - errores que cometen organizadores y participantes:

- Los vinos seleccionados pertenecen a rangos de precios muy dispares, por lo que las diferencias entre ellos forman un contraste abismal. Siempre hay que considerar el valor en el mercado, que establece franjas bastante concretas e implica una cierta diferencia de calidad que no se puede dejar de lado. Alguien puede decir que un Malbec de $ 30 es tan Malbec como otro de $ 300, y ello tal vez sea cierto, pero se trata de productos que responden a criterios de elaboración completamente diferentes. Una cata comparativa debe seguir un patrón consistente al respecto, estableciendo relaciones entre vinos que pertenezcan a segmentos similares.

- Los asistentes no lograron encontrar diferencias notorias entre los vinos probados. No hay mayores inconvenientes detrás de esta situación, ya que la condición "comparativa" de una cata no significa necesariamente que se vayan a establecer distinciones acentuadas. En muchos casos, existe la posibilidad de que las etiquetas elegidas para degustar presenten un perfil similar, más aún en un mercado que tiende a estandarizarse.

- Como cada participante trajo su ejemplar, coexisten distintas temperaturas de servicio y estados de conservación. Este es un problema recurrente en las degustaciones grupales "a la romana", cuya solución más práctica consiste en llevar los vinos al lugar de la reunión con anterioridad a ésta para que sean presentados todos a una misma temperatura. En cuanto a la conservación, se pueden adquirir todas las botellas en un mismo comercio, para luego dividir el valor de la factura entre los asistentes. Así se evitan los posibles altibajos sensoriales provocados por vinos conservados de diferentes maneras (es decir, bien o mal) en casas particulares.

- La degustación resultó muy interesante, pero ya no me acuerdo de sus detalles. Es casi imperdonable estar en una ocasión en la que se coteja un grupo de vinos para apreciar los matices de estilos, regiones o añadas y no tomar notas, incluso cuando se trata del más puro aficionado. Si la idea es enriquecer conocimientos (algo en lo que el vino ofrece posibilidades ilimitadas), siempre hay que contar con la libreta de apuntes o la computadora portátil.


- Las opiniones de los demás fueron completamente distintas a las mías. Otro tema reiterado que suele provocar la desazón de muchos aficionados. En realidad, hay que mirar el asunto como cualquier otro campo plausible de ser discutido. Si alguien tiene gustos e ideas claras sobre los vinos que le gustan, debe defenderlas y valorarlas como tales, entendiendo también que existen otras personas con apetencias y visiones diferentes.

Con todo, no hay que olvidar jamás el enorme valor de las degustaciones grupales comparativas, cuyas ventajas ya hemos señalado en alguna entrada anterior. Y tales encuentros son, además, una excelente manera de hacer buenos amigos.

Foto: Flickr CC Jeroen Elfferich 

1 comentarios :

Anónimo dijo...

Respecto al tema de los precios hay excepciones, por suerte. Es más, cuantas veces probamos vinos y sentimos que son muy baratos por lo que entregan, y que no desentonarían al lado de exponentes que los duplican en precio. El viernes pasado, en una degustación a ciegas, un Bonarda de 100 pesos superó a otro de 300. Esto puede darse bastante a menudo. Sobretodo en esta época donde los precios se definen de manera bastante caprichosa y responden, más que a méritos del producto en si a "estrategias de marketing". A veces mezclar franjas de precios derriba mitos. Abrazo. LAVACOPAS.-