EL VINO SIGUE ANDANDO

Las coyunturas políticas y económicas siempre afectan al mundo del vino, para bien o para mal. Pero ello no impide que la actividad siga con su funcionamiento y que los consumidores continúen en la búsqueda diaria de buenas opciones.



Con un clima generalmente benigno y diversidad varietal asegurada, nuestro país no debería pasar por grandes sobresaltos en materia vitivinícola, con la eterna excepción de las recurrentes crisis económicas. Pero más allá de todo esto, hay un tema innegable de sobredimensionamiento dentro del mercado interno. Así,  se impone una pregunta casi de rigor: ¿hay espacio para más vinos alta gama? Resulta evidente que la respuesta se desdobla en dos actitudes bien diferenciadas dentro de la industria. Por un lado, algunos establecimientos tienden a contener su crecimiento a la espera de mejores vientos. Otros, en cambio,  juegan sus cartas a ganar mercado en vistas a una recuperación en el poder adquisitivo de la gente. No por nada las empresas con mayores posibilidades de distribución (o sea, las grandes), tuvieron en los años anteriores una conducta de “expansionismo marcario” consistente en un aumento de su oferta de marcas y etiquetas, con acento en las franjas premium y alta gama. Basta con hacer un rápido recuento de las nuevas inversiones afincadas en territorio nacional en los últimos diez o quinces años: más del 70 por ciento se concentró casi exclusivamente en los precios más bien elevados.

Al parecer, el mundo es grande y todavía hay nichos para los que hacen las cosas bien, lo que tal vez justifica una visión optimista. Los tiempos venideros representan un gran desafío en temas como los costos y la comercialización, y sin dudas entrarán en juego factores de todo tipo, domésticos y globales. Para nuestro país, poco importa  no crecer en volumen, cuando el objetivo fundamental es crecer en calidad. Ahora bien, ¿qué impresiones nos deja un rápido paneo por algunas alternativas del mercado actual? Sin enfoques específicos de cepa o estilo, probamos siete etiquetas tintas con los siguientes resultados:

Viñas Puntanas Tannat 2012 ($ 70): es un hecho que San Luis ha venido a sumarse al amplio mapa del vino nacional, en este caso con un cepaje que se va afirmando en nuestro suelo. El resultado es un vino de impronta mineral, con aromas bien terrosos y un dejo vegetal del tipo hierbas aromáticas. Tinto fresco no carente de cierto poder, para seguir con atención en la botella.
Las Perdices Ala Colorada Cabernet Franc 2012 ($ 170): reciente incorporación de este establecimiento felizmente inquieto y renovador. Color rojo bordó intenso, fruta concentrada y un buen volumen caracterizan al varietal de marras, aunque tal vez carece del punto especiado que todos esperan de la uva. Hay que esperar algunos meses su evolución en botella.
Alfredo Roca Family Reserve Tempranillo 2008 ($ 180):
luego de un comienzo auspicioso entre las nuevas variedades lanzadas al ruedo allá por principios de siglo, el Tempranillo quedó un poco relegado por otras apariciones posteriores. Pero sigue teniendo su grupo de elaboradores, como la familia Roca, que cuenta con un ejemplar rico, aromático, de cuerpo medio y buen equilibrio, muy versátil para acompañar comidas.
Fabre Montmayou Gran Reserva Malbec 2009 ($ 190):
el estilo opulento y voluminoso del Malbec tiene su punto de equilibrio en la frescura y la elegancia que resulta de un buen manejo del viñedo y una correcta elaboración. Así lo entiende de la gente de Domaine Vistalba, veteranos elaboradores del nuestra cepa emblema en un perfil como el de este tinto: sabroso, complejo, lleno pero también fluido, sin pesadez de fruta demasiado madura. Gran vino, muy bien hecho, para beber ahora o esperar un par de años más.
Tempus Pleno Blend 2007 ($ 190): corte de Cabernet Sauvignon y Malbec en partes iguales que enaltece la llamada “alta gama”, en vista de su relación entre calidad y precio. Luego de siete años de vida se muestra envolvente, cálido, amplio y variado en aromas que todavía contienen algún elemento de fruta y que rebosan de tonos a café, especias y otras sensaciones muy positivas. Para probar con detenimiento y deleite.
Fin Tannat 2007 ($ 250): a pesar de la cada vez mayor relación entre el Tannat y el NOA, la Patagonia también tiene lo suyo y demuestra que sus potencialidades van más allá del Pinot Noir y el Merlot. Aquí también hay bastantes años de botella, durante los cuales desarrolló puntos especiados y potenció su mineralidad, todo en el marco de un gusto bastante delicado, de cuerpo medio. Un varietal diferente, como para establecer comparación con otros terruños.
Cadus Malbec Las Torcazas 2009 ($ 420): single vineyard bien consustanciado con el carácter de todos los exponentes de la marca: potente, compacto, dotado de una imprornta gustativa que se percibe en la capacidad de llenar el paladar. Se lo puede esperar sin problemas durante varios años, bien guardado, para que desenvuelva sus aptitudes aún ocultas.

Foto: Flickr CC Dave Dugdale

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