Los desarrollos
tecnológicos de la viticultura y la enología son un tema corriente en los
debates del mundo vitivinícola. Pero no sucede lo mismo con las increíbles
posibilidades que se vislumbran en una
nueva materia, que podría denominarse "consumo virtual". No está
lejano el día en que las catas de vinos puedan realizarse sin vinos. ¿Existe
esa posibilidad?
A pesar de que todo parece ya inventado, existe una rama de
la ciencia que todavía se encuentra en pañales y cuyas derivaciones recién
empiezan a ser estudiadas: la realidad virtual. Debido a su estado aún
primigenio, el común de la gente asocia a la realidad virtual casi
exclusivamente con los video juegos,
sin tener en cuenta que se trata de una de los desafíos más fascinantes de la
ciencia moderna, que involucra campos del conocimiento tales como la física
cuántica, la informática y la psicología. Básicamente, el término realidad
virtual se refiere a una situación en la que una persona pasa, de manera
inducida y controlada, por la experiencia de encontrarse en un determinado
entorno o percibiendo algún tipo de sensación. Los simuladores de vuelo, por
ejemplo, no son otra cosa que generadores de realidad virtual, donde los
pilotos experimentan todas las sensaciones relativas a volar en una cabina de
avión (incluidas algunas muy complejas, como la aceleración o las
turbulencias), aunque no se encuentren realmente volando ni en una auténtica
cabina. Esa es la característica más
destacable de semejante tecnología: su capacidad para alterar artificialmente
la relación habitual entre el usuario y el mundo externo.
Aunque muchos de estos artilugios parecen ajenos al tema que
nos convoca en este blog, lo cierto es
que está muy cerca la posibilidad de
experimentar cualquier sensación que queramos sin siquiera mover un músculo. Y
el vino, lógicamente, pronto pasará a formar parte de ese repertorio de
sensaciones. Así se lo podrá disfrutar sin copas, sin corchos, sin botellas…y
sin vino. ¿Cómo es eso? Veamos: cuando hayamos comprendido adecuadamente los
sentidos del gusto, el olfato y el tacto será posible decodificar las señales
que envían los órganos de percepción al cerebro. De ese modo se podrán
estimular artificialmente las correspondientes conexiones nerviosas,
haciéndonos sentir lo que un determinado programa de computación esté preparado
para ofrecernos. Entre otras cosas, los aromas y sabores de diferentes vinos.
¿Qué podría suceder, entonces? Con toda seguridad, será perfectamente factible
probar vinos (o, mejor dicho, sentirlos) a través de catálogos virtuales, sin
la necesidad de movilizarse. Quizás desaparezcan las ferias de vinos tal como
las conocemos y sean reemplazadas por simuladores en donde el público ingresará
conectándose a una red. La gente ya no tendrá que arriesgarse a elegir el vino
equivocado en la vinoteca o el supermercado, dado que podrá catar, evaluar y
dar su conformidad de manera virtual. Si
los avances en la materia llegaran a ser tan categóricos como afirma la mayoría
de los científicos involucrados, nada podrá impedir, incluso, que una persona
pueda experimentar a través de sus sentidos el sabor de algunos vinos que no
existen en el mundo real. Y lo hará de una manera extremadamente sencilla: eligiendo
la combinación de sensaciones (es decir,
de vinos) que le plazca, dentro de las ofrecidas por el catálogo virtual al que
haya accedido. En otras palabras, tendrá la posibilidad de probar, si así lo
quiere, - y si todos los componentes se encuentran disponibles en el repertorio
- un blend de Shiraz australiano, Malbec argentino y Tempranillo español, en
las proporciones que prefiera. Si acaso tiene ganas de jugar, podrá también
agregar variedades blancas o diseñar una versión espumante.
Aunque parezca mentira, el arribo a semejante grado de sofisticación tecnológica no está tan lejano en el tiempo. Un generador de realidad virtual es nada más que una computadora acompañada de algunos artilugios, con un programa informático de alta complejidad capaz de calcular todo lo calculable en determinado campo de acción. Las sensaciones que produce el vino, generadas por componentes reales e identificables, están decididamente incluidas dentro de lo "calculable". En la medida en que se profundice el conocimiento de los sentidos involucrados en la degustación, ofrecer las sensaciones necesarias a través de la realidad virtual será tan fácil como lo es hoy hacerle sentir a los pilotos la aceleración en un simulador de vuelo.

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