NOVEDADES EN DANZA

Superando cualquier estigma de crisis, el mercado nacional de vinos continúa ampliándose con la aparición de nuevos vinos. Variedades inusuales, marcas renovadas y nuevas cosechas marcan el último trimestre de este 2013.



Vivimos en una era donde la oferta de productos tiende a crecer y diversificarse, y ello cuenta también para el vino. Sin embargo, su particular condición de bebida socialmente privilegiada le otorga un posicionamiento singular. A diferencia de cualquier otra mercadería de consumo, el vino transmite una magia, un sentimiento especial que surge de su prestigio, de la rica tradición que lo rodea y de un hecho tan evidente como simple: está de moda. En los comercios especializados, el vino es prácticamente el único artículo cuyo sector de venta tiene su propia "escenografía": estanterías de madera, decoraciones alegóricas e iluminaciones especiales son cada vez más comunes, lo que pone en evidencia un esmero particular en la manera de presentar las botellas.

Pero, mientras tanto, la variedad crece y comienza a abrumar. Vinos blancos, rosados, tintos, espumosos, licorosos, varietales, genéricos, jóvenes, añejos, secos, dulces, ligeros, con cuerpo, nacionales, importados, de bodegas grandes, medianas y pequeñas, constituyen una verdadera multitud de posibilidades - casi una Torre de Babel - que exige un cierto tiempo para ser comprendida y asimilada. Semejante diversidad  siempre a crecer (incluso en tiempos complicados, como los que vivimos), y pone al consumidor en una verdadera encrucijada cada vez que se enfrenta al momento de comprar una botella de vino. Si además consideramos la variada gama de propósitos que puede conllevar esa compra, el tema se vuelve verdaderamente complicado.  Desde el vino más caro para un regalo especial hasta el más modesto para acompañar un asado con amigos, existe un universo de intenciones, finalidades y presupuestos diferentes.

Luego de un primer semestre más bien chato, los últimos meses parecen marcar una leve recuperación en el ánimo de una industria vitivinícola que no la está pasando nada bien. Con todo, nuevas opciones se suman a las numerosas alternativas ya existentes. Probamos siete de esas propuestas:

Emilia Cabernet Sauvignon 2013 ($ 42): nueva cosecha de un vino exitoso, de esos que se venden en serio. Tiene todo lo necesario para agradar a sus seguidores: fruta, frescura, facilidad de trago que no resigna un buen cuerpo y, sobre todo, una calidad acorde a su franja de precio.
Piedra Negra Alta Pinot Gris 2013 ($ 52): el Pinot Gris tuvo su momento de furor hace algunos años, pero ahora parece haberse calmado un poco. Con todo, muchas bodegas siguen apostando a este varietal delicado y fragante. Lurton así lo entiende y presenta un blanco de color pálido, agradables aromas a frutas blancas y una acidez natural impecable que proporciona mucha frescura.
Cafayate Gran Linaje Cabernet Sauvignon 2010 (85): el Cabernet salteño es casi una marca registrada en términos de definición varietal e identidad del terruño. Este nuevo Gran Linaje está tocado por un pequeño porcentaje de Tannat, lo que suma más color sin desdibujar el perfil primario especiado, sutilmente “pimentoso”,  de taninos vibrantes, muy logrado y bien hecho.
Doña Paula Estate Riesling 2012 ($ 90): bien poco existe en el país en materia de Riesling, esa cepa tan necesitada de un entorno ecológico muy poco asequible en nuestro país. No obstante, la gente de Doña Paula logró un ejemplar más que digno, lleno de tonos aromáticos cítricos y minerales, bien encaminados dentro del perfil típico de la uva.
Fabre Montmayou Cabernet Franc 2011 ($ 92): la elegancia que sabe transmitir la bodega Fabre Montmayou a todos sus productos no falta en el que nos ocupa. Varietal muy fiel a su cepa madre, que combina rasgos vegetales, frutados y especiados con una elaboración que es pura tradición y prolijidad. El resultado está a la altura de sus prestigiosos compañeros de escudería.
Primogénito Pinot Noir 2011 ($ 98): Patagonia y Pinot Noir forman un binomio que lentamente se convierte en invencible, al menos dentro de nuestro país. Este varietal de la bodega Patritti cuenta con todo lo que se espera de él: fruta, frescura, mineralidad y ese trago carnoso pero a la vez suave, propio de este cepaje tan difícil productivamente como envolvente y rico en el consumo.
Viniterra Select Carmenere 2008 ($ 132): aunque no hay suficientes alternativas varietales disponibles en Argentina como para hacer una compulsa, el Carmenere de Viniterra (el de la gama alta) se posiciona como lo mejor hecho hasta ahora al respecto. Es muy complejo, con tonos terrosos y una fruta realmente lograda. Para probar y sorprenderse.

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