¿Y AHORA, QUÉ? PREGUNTAS Y RESPUESTAS

Tiempo de elecciones, tiempo de inflación, tiempo de nervios. En este tiempo loco, nadie parece preguntarse qué le ocurrirá a la industria del vino nacional. Pero nosotros sí, e incluso tratamos de responderlo.


En todos los ámbitos se le suele asignar una mayor confiabilidad a las estadísticas provenientes de fuentes privadas que a las cifras obtenidas por entes públicos. Un razonamiento bien asimilado en épocas recientes por los argentinos, quienes aprendimos a no creer de manera ciega en los números oficiales de la inflación, la desocupación, la pobreza y otras variables económicas o sociales.  Sin embargo, más allá de los fríos guarismos, es interesante analizar seis interrogantes s sobre lo que puede ocurrir de aquí en más con el vino de este país.

¿Qué va a pasar con las exportaciones?
Si bien todavía hay buenas perspectivas de evolución para nuestros vinos en varios mercados, especialmente en Estados Unidos y en regiones de cultura vinícola emergente pero gran potencial, como Latinoamérica y el Sudeste Asiático, la mayor parte de las bodegas nacionales no están poninendo su mayor empeño en vender al exterior por una simple cuestión de rentabilidad. Sólo los vinos de "alta gama" resultan muy rentables en el mercado externo, pero el consumo internacional de productos argentinos en ese segmento es, salvo excepciones puntuales, completamente insignificante.

¿Qué sucederá con el mercado interno?
Esta pregunta es mucho más difícil de contestar. Si bien los argentinos tomamos más y mejores vinos que hace unos años, tal incremento tiene un fuerte componente económico de coyuntura. En ese sentido, el vino no puede diferenciarse de la ropa o los electrodomésticos, cuyas ventas crecieron gracias a cierta mejora en los ingresos de las clases medias y altas, al menos hasta 2010. Tampoco hay que olvidar que el "mercado interno" incluye a muchos turistas extranjeros con buen poder adquisitivo que recorre nuestro país, compran vinos y comen en restaurantes. Por ahora, es razonable pensar que el mercado local se mantendrá estable, incluso con un leve crecimiento.

¿Cuáles son los tipos de vinos con mayor perspectiva de evolución?
Los espumantes y sus derivados vienen creciendo de manera sostenida, y no por nada ya hay tantas bodegas encarando su producción y comercialización. Los tintos seguirán incrementando su participación en el mercado, en especial el Malbec (un fenómeno que no parece detenerse). No es sensato hacer pronósticos sobre el resto de los varietales, puesto que las modas al respecto son muy pasajeras. Los blancos secos parecen haberse estabilizado, pero no será fácil remontar su consumo, al igual que el de los rosados.

¿Hay mercado para tantos vinos dulces?
El de los vinos dulces es un nicho que creció de manera un poco explosiva, sin tener una demanda tan concreta y tangible como en el caso de los espumantes. Con casi ninguna participación en las exportaciones y un consumo interno que crece sólo en la gama de precios más económicos, el futuro del segmento es incierto, en especial si continúan apareciendo marcas a un ritmo que contrasta con su lentitud de evolución.

¿Cuál será el futuro de las bodegas pequeñas?
Esta es una pregunta que mucha gente se hace, pero está mal planteada. El hecho de que una bodega sea pequeña, mediana o grande no le asigna por sí solo mayores posibilidades de supervivencia. Más allá de su tamaño, los proyectos que tienen futuro son los que están planteados seriamente desde el comienzo. Existen, por ejemplo, pequeñas bodegas prácticamente desconocidas a las que les va razonablemente bien. Eso sí, ya no hay espacio para los "paracaidistas" que encaran la actividad sin tener bien claro a quién le van a vender el vino. En la medida en que el mercado se vuelva más competitivo (aquí y afuera), sobrevivirán los que hagan las cosas con mucho profesionalismo.

¿Se detendrá la escalada de precios?
No mientras no se controle la inflación. A tal punto llega la falta de valores referenciales en materia de vinos (como en casi todo), que lo mismo que resultaba caro hace un par de meses hoy puede parecer barato. Una botella de cien pesos, por ejemplo, podía parecer una enormidad poco tiempo atrás, pero ahora equivale a dos kilos de tomates o dos docenas y media de facturas. Es decir, una ganga en términos comparativos.

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