Dentro del amplio
universo de los blends argentinos, se afianzan las fórmulas que tienen a Malbec
o Cabernet Sauvignon como base dominante. Probamos siete tintos nacionales que
representan esa tendencia.
Los logros del varietalismo se han visto saturados por exceso de oferta en los últimos años. Por eso, la necesidad de recuperar las prácticas enológicas de ciertas regiones del mundo (que tienen a Bordeaux como ícono) también fue una de las tendencias dominantes. La Argentina posee un amplio campo de acción en materia de cortes gracias a su amplio parque de cepajes. Nuestro país puede producir vinos genéricos en modalidades clásicas o novedosas, teniendo en cuenta que el mundo del vino es mejor cuanto mayor sea la cantidad de opciones que atraigan a los buenos paladares y satisfagan su sensibilidad. En cierta manera, el fenómeno está en sintonía con el espíritu reinante entre analistas vitivinícolas y consumidores calificados, que exigen sabores cada vez más sofisticados y complejos.
Frente a tantas
posibilidades en juego, nuestro país tiene ante sí una posibilidad de oro para
afianzar el negocio del vino aquí y en el exterior. Como decíamos al principio,
nuestro extenso y variado parque varietal (donde conviven variedades
autóctonas, españolas, italianas, francesas, portuguesas, griegas y germánicas)
brinda la posibilidad casi infinita para la experimentación y el desarrollo del
blends tintos únicos en el mundo. Este potencial ya ha sido señalado en
reiteradas ocasiones por los sorprendidos expertos extranjeros que han visitado
la Argentina. Sólo hace falta el esfuerzo empresarial y la creatividad para
salir al mundo con los cortes que representen lo mejor de cada uva, de cada
valle, de cada familia, de cada bodega. Porque una conjunción de buenos vinos
realizada con sabiduría puede ser un punto de encuentro de paisajes y de
historias.
Por supuesto que
también es posible encontrar cortes interesantes en las góndolas patrias de
todos los días, generalmente asociados a una base de Cabernet Sauvignon o
Malbec con el agregado de Merlot, Syrah, Tannat u otras. De esa inmensa familia
(que tiende a agrandarse cada vez más), analizamos siete ejemplares de precios
bastantes accesibles, situados entre los 49 y los 100 pesos.
Atilio Avena Reserva Roble Cabernet Sauvignon –
Merlot 2012 ($ 49): una
buena combinación que propone los principales ingredientes del corte clásico
bordelés, donde se complementan la fuerza y los taninos del Cabernet con la
gracia y fruta del Merlot. Vino rico, bien elaborado, a muy buen precio.
505 Esencia Blend 2012 ($ 49): otro tinto de frescura para disfrutar
regularmente, gracias a un valor de compra pensado con honestidad. De color
rojo vivo, aromas frutados intensos y paladar carnoso, amplio, que combina muy
bien con todas las carnes rojas vacunas y porcinas.
Rincón Famoso Tinto 2007 ($ 53): mucha gente suele sorprenderse por la
suavidad aterciopelada de este tinto clásico, pero ello obedece a una
composición que integra al amable Malbec con el ligero Sangiovese. La crianza
en roble antiguo le da esa impronta de café, cuero y especias tan
característica de la bodega López.
Navarro Correas Colección Privada Blend 2010 ($
54): un vino histórico
(el primer assemblage de la línea),
que ha pasado por muchos cambios de imagen y estilo, pero conservando siempre el
perfil de su corte: Cabernet Sauvignon, Malbec y Merlot. Hoy es un producto
joven, de buena fruta, sabor rico y relativamente fácil de tomar junto a
pastas, carnes y quesos duros bien estacionados.
Desierto 25 Cabernet Sauvignon – Malbec – Syrah
2011 ($ 65): un blend de
Bodega del Desiertocon alma patagónica (esa parte de La Pampa es Patagonia),
dotado de las señas particulares del terruño: excelente color, buen cuerpo y
una acidez que proporciona el punto de equilibrio entre fuerza y tomabilidad.
Para descubrir una vez más lo que la provincia puede ofrecer en materia de
buenos vinos.
Amauta Corte IV Syrah – Malbec 2011 ($ 86): aquí también se advierte el sabor del
terruño, pero esta vez con los ingredientes del soleado NOA. El tinto de marras
posee esa personalidad poderosa y cálida asociada a sus valles luminosos, con
todo el aroma a especias, fruta roja concentrada y tierra que surge de sus
integrantes, respectivamente: Syrah, Malbec y Tannat.
Saint Felicien Cabernet – Merlot 2009 ($ 100): una vez más, estamos frente a una marca
que arrastra mucha historia tras de sí. En nuestros días representa una
enología prolija y eficiente, que resalta los valores frutados del vino con el
ingrediente del roble como acompañante principal. Buen tinto, de cuerpo robusto
sin resignar elegancia, para tomar ya o esperar un par de años, que muy bien
los soporta.


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