VINOS SUSTENTABLES, PERO SIN DELIRIOS

La viticultura sustentable y el cuidado integral de medio ambiente  forman parte de una corriente de pensamiento cada vez más fuerte. Sin necesidad de caer en la biodinamia ni en otras prácticas esotéricas, estos aspectos, cuando son serios, tienen una importancia fundamental en términos de la imagen que proyectamos hacia los principales mercados del hemisferio norte.

Cuerno relleno con preparado en la Bodega Colomé
El medio ambiente y la sustentabilidad son temas que desde hace varias décadas viene llamando la atención de los estudiosos de numerosas disciplinas. Por supuesto, la viticultura no es ajena a esta problemática. Muchas empresas del mundo están seriamente comprometidas en la cuestión, adaptando y mejorando sus procesos productivos de campo a los preceptos en cuestión. Por desgracia, no ha faltado el ingrediente surrealista que ha ganado numerosos adeptos: la práctica conocida como “biodinamia”, que combina algunos ingredientes genuinos del manejo ecológico con ejercicios cuasi religiosos que carecen de sentido, más allá de constituir un divertimento para gente adinerada.
Pero también, afortunadamente, comparado con otras producciones, el cultivo de la vid tiene muchas ventajas por sí solo. No degrada en demasía los suelos, no produce impactos ambientales severos y se integra muy bien al paisaje que lo rodea (de hecho, en la mayoría de los casos, lo embellece). Así y todo, en nuestro país se percibe una suerte de "ambivalencia" en materia de sustentabilidad. Por un lado existe una realidad bastante lamentable en términos prácticos, sobre todo en algunas regiones cercanas a las grandes ciudades vitivinícolas, con Mendoza a la cabeza. Basurales casi limítrofes con las fincas, envases plásticos de todo tipo navegando libremente por ríos, canales y acequias y una polución que se siente en el aire son algunos de los indicios al respecto, ayudados sin duda por la falta de políticas oficiales. Por otra parte, el público argentino no tiene aún una conciencia formada sobre la cuestión y poco es lo que requiere al sector en materia de acciones ambientales. Sin embargo, muy diferente es la imagen que se proyecta hacia los informados y exigentes mercados externos. Un rápido repaso por las distintas páginas web de las bodegas argentinas permite inferir que casi no existe establecimiento nacional que no cuide muy puntillosamente este aspecto, informando (de manera concreta o simplemente declarativa) todo lo que hace para cuidar la ecología y realizar una producción sustentable de uvas y vinos.

Para el logro de esa meta, nuevos descubrimientos sobre la vid han permitido avanzar en múltiples campos. Algunos de ellos son la biodegradabilidad de los plaguicidas, el uso de fertilizantes naturales, la "gestión de suelos", la creación de nuevos sistemas de cultivo, el estudio de la potencialidad de los cepajes autóctonos, las combinaciones en la conducción de la viña (poda mínima, lira, espaldero modulado)  y la diversificación de productos como los mostos especiales y los vinos de baja graduación alcohólica.  Para ser más específicos, éstas son algunos de los trabajos que mejoran la calidad del ambiente y producen una buena imagen para empresas y países:

 - Uso racional de agroquímicos: manejo integrado de control de plagas, donde el uso de plaguicidas de origen químico se combina con otro tipo de técnicas más inocuas para bajar las poblaciones de plagas problemáticas. Por otra parte, los fungicidas utilizados son aquellos permitidos por la legislación vigente (sales de cobre, azufre, etc.). Como medida general, cualquier producto químico utilizado debe estar muy bien justificado y su aplicación reducida a las dosis adecuadas.
- Menor erosión de suelos: muchos de los suelos de las regiones del vino argentino son arenosos y sueltos, lo que aumenta el riesgo de erosión por acción de los vientos. Para prevenir este serio problema se mantiene la cobertura natural del piso, trabajando con desmalezadoras y nunca con implementos que signifiquen movimientos de tierra.
- Uso racional del agua de riego: el riego por goteo contribuye a que el agua utilizada se aproveche de manera más eficiente. La lámina de agua aplicada se determina en parte con la ayuda de algunos instrumento como las llamadas "estaciones meteorológicas" (que pueden estimar la evaporación potencial) y las cámaras de presión, que proveen una idea del estado hídrico de la planta.
- Reducción de amenazas para la salud humana: es una buena práctica el lavado de los envases vacíos de productos químicos y la posterior destrucción bajo condiciones controladas, para evitar el uso posterior por parte de personas que desconocen su procedencia.
- Conservación de ecosistemas: muchas veces, no todas las extensiones de las fincas están cultivadas. Por el contrario, se conservan áreas de monte autóctono donde se mantiene una alta biodiversidad de flora y fauna.
- Reutilización de desechos orgánicos: está bastante extendido el uso de abonos orgánicos provenientes de los viñedos (madera de poda) y las bodegas (orujos y escobajos).
- Mejoras en las condiciones de trabajo: desarrollo pleno de todos los medios disponibles para mejorar la seguridad e higiene de las áreas de trabajo, asegurando al personal un ámbito seguro y saludable.

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