ROSADOS PARA ENCARAR LA PRIMAVERA

Hablar de vinos rosados al llegar la primavera es casi un lugar común, pero la realidad indica que se trata de uno de los mejores momentos para disfrutarlos en toda su dimensión de su frescura y versatilidad.


Desde mediados de la década de los setenta, los vinos rosados argentinos sufrieron un paulatino proceso de descrédito entre quienes los hacían y los consumían, hasta el punto de una  virtual desaparición del mercado de los vinos finos, que tuvo su punto crítico a principios de los noventa.  Un análisis histórico frío y detenido puede llegar a determinar con bastante exactitud la existencia de una responsabilidad compartida. En primer lugar, del consumidor, que muchas veces demostró en una postura prejuiciosa y poco interesada en la cuestión. Y tembién del periodismo especializado (mea culpa), ya que casi no se ocupaba del vino rosado durante aquellos años, no enseñaba a beberlo, no sugería alternativas gastronómicas válidas para su consumo y, más que nada, no hablabas de su enorme versatilidad y adaptación para ser consumido en distintas horas del día y en diferentes épocas del año. No se le puede adjudicar ninguna responsabilidad a la industria, ya que por entonces intentaba despertar de una tremenda crisis de consumo. Las cosas, por suerte, no tardarían en cambiar.

El rutilante éxito del Malbec en los últimos tiempos hizo que muchas bodegas descartaran de plano cualquier posibilidad de vinificarlo de otra manera que no fuera en tinto. Paradójicamente, la tendencia de concentrarlo en vistas a lograr más cuerpo y color en los varietales tintos de alta gama volvió cada vez más frecuente y sistemática la práctica de la “sangría”. Esta operación consiste en sacar parte del jugo durante el proceso de maceración con los hollejos, a fin de aumentar proporcionalmente los elementos sólidos de la uva. Precisamente, ese jugo extraído, que apenas tiene color, no se descarta, sino que se destina a vinificar, dando lugar a los actuales rosados de Malbec que  están proliferando por las góndolas patrias. Esa fruta tan rica y expresiva del cepaje de marras hace posible la obtención de rosados de brillante factura, originales, muy sabrosos y nada ácidos, convincentes en el paladar y varietalmente bien definidos. Por supuesto que existen interesantes ejemplares elaborados a partir de otras cepas (Syrah, Cabernet Sauvignon, Merlot o cortes, entre otras alternativas), pero la tendencia general es el reinado de nuestra uva de bandera junto con cierto abanico de opciones que se amplía y aumenta de manera periódica, así que el camino más sensato es probar, probar, y seguir probando.

En ese orden de cosas, degustamos siete rosados argentinos que representan bien el panorama del mercado: supremacía de Malbec, precios de gama media a media-alta y una calidad cada vez más respetable.

Cafayate Rose 2012 ($ 29): una excelente opción de acuerdo con su honesta correspondencia entre costo y calidad. Rico, sabroso, con el cuerpo y la frescura combinados de modo acertado, como para beber en casi todas las instancias gastronómicas imaginables, desde las entradas y las picadas hasta los postres.
Jean Rivier Malbec Rose 2011 ($ 53): un buen ejemplar sanrafaelino de color más bien intenso, lo que es un indicio de su cuerpo y palatabilidad. Tiene fruta y presencia en la boca, como para acompañar unas pastas en los días de calor que se avecinan.
Casarena 505 Rosado 2013 ($ 54): nueva cosecha en el mercado, compuesta por una fórmula varietal bastante atrayente en su escaño cromático: 70% Malbec y 30% Cabernet Franc. El resultado está muy bien, ya que demuestra gracia y frescura. Unos gramos de azúcar le dan brillo gustativo y mucha predisposición para el cortejo con platos agridulces.
Altosur Malbec Rose 2012 ($ 59): aquí el Malbec se muestra tal como es en una versión rosada, de buena fruta, con aromas a ciruelas, excelente acidez natural y una terminación que se prolonga en el paladar. Se puede hacer la prueba con pollo, cerdo y carnes rojas al horno.
Melipal Malbec Rosé 2013 ($ 60): rosado bien austero en el buen sentido. De aromas sencillos y gusto bien seco, muestra la faceta elegante y estilizada que pueden adquirir los vinos de este color a través de una vinificación cuidadosa.
Tomero Malbec Rosado 2008 ($ 65): una etiqueta que suele cosechar elogios absolutamente justificados. Sin tener un color excesivamente subido, muestra un cuerpo y una fuerza en la boca que no suele ser frecuente entre sus congéneres. Tal vez sea la mejor opción para los que reniegan del rosado, porque tiene armas para salir bien parado.
La Flor de Pulenta Malbec Rose 2011 ($ 65): el arquetipo de los rosados de alta gama, equilibrado, armónico, muy limpio, de fruta presente pero a la vez sosegada. Creo que puede ir bien con pescados grillados, ensaladas y otros platos de sabor pleno, aunque no pesados.

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