QUE PAPÁ NOEL NO TE AGARRE DESPREVENIDO

Entramos en el último cuatrimestre del año, y ya no falta tanto para las fiestas. Se vienen festejos, agasajos, brindis y reuniones familiares, que componen un conjunto de situaciones típicas cuya consigna es recurrir a grandes platos y botellas excepcionales. Aquí van algunos consejos para prepararse con tiempo.

Un buen vino es capaz de proporcionar emociones positivas, bellos recuerdos y paz interior; de acompañarnos en los ratos de reflexiva soledad o de alegre compañía, de sublimar las ocasiones sencillas y rutinarias tanto como aquellas del mayor despliegue gourmet. Las fiestas de fin de año constituyen uno de esos momentos en que la gente se reúne con los afectos para celebrar a lo grande. Todo eso es muy lindo, pero tiene su contrapartida en las dificultades que siempre se presentan para la misma época. Demasiadas comidas, estómagos castigados y bolsillos devastados son algunas de las cosas que opacan la temporada  más gastronómica y vinícola del año, cuando todos quieren comer y beber mucho y bien. Desde este blog, no podemos proporcionar ayudas en el tema de los problemas físicos (en todo caso, cada uno conoce sus límites y debe aprender a respetarlos, si quiere seguir disfrutando), pero sí se pueden apuntar algunos consejos útiles para optimizar tiempo, dinero y eficacia, aunque se trate de una simple comida familiar. Por eso, aquí va un pequeño decálogo al respecto.

1) Si dispone de presupuesto hoy, no espere hasta Diciembre para hacer sus compras de vinos. Además de la inflación, es muy común que los precios aumenten hacia fin de año con un mero propósito estacional y especulativo.

2) Lo antedicho cobra especial valor en el caso de los regalos que son bien propios de ese período del año Comprar ahora puede ahorrar una suma considerable de dinero.

3) Ya que todavía faltan algunos meses, nada impide ir probando y registrando mentalmente (apuntar en un papel siempre es mejor) los vinos nuevos al momento de degustarlos por primera vez. Quizás, alguno de ellos sea  el elegido para coronar las fiestas.

4) En el caso del vino, es lógico y frecuente recurrir no sólo a los ejemplares de mayor calidad sino también a toda la batería de accesorios disponibles. Una decisión muy acertada, teniendo en cuenta que la costumbre de echar mano a las mejores copas, por ejemplo, trasciende ampliamente las reglas protocolares o del correcto servicio. La buena cristalería realza la ocasión y ayuda a la dispersión cromática del vino entre los comensales, haciendo que la mesa se vuelva más agradable. Si va a comprar copas, también hágalo hoy.

5) Si se trata de un buen tinto con algunos años de botella,  el uso del decanter  es un paso obligado en vistas a lograr que todos los aromas y sabores atesorados lleguen a desarrollarse hasta alcanzar su plenitud en la copa y en el paladar. Y, de paso, la ceremonia será sin dudas festejada por sus invitados. Por eso, vaya revisando los debidos instrumentos, o adquiéralos sin demoras.

6) Más allá de los factores estrictamente vínicos, una pregunta de rigor es aquella relativa a la comida que será servida y los maridajes posibles con la bebida. En cualquier caso, los dueños de casa deben decidir si la comida será la protagonista, o si el vino tendrá el privilegio del estrellato. ¿No falta demasiado tiempo? Tal vez, pero ir pensando algo bueno al respecto nunca está de más.

7) Cuando hay invitados formales es muy común - y hasta lógico - optar por comidas elaboradas, de sabores complejos, cuya sabia combinación resalta las virtudes culinarias de quien tuvo la dedicación y la paciencia para hacerlas. En casos así, muchas veces es preferible elegir vinos buenos pero no extremadamente "importantes", ni caros, ya que la espectacularidad de la bebida puede llegar a opacar el sabor de los platos.

8) Por el contrario, si esa noche habrán de ser abiertas grandes botellas, de esas que se guardan para una ocasión muy especial, es conveniente recurrir a preparaciones de porte simple, directo, capaces de acompañar al vino sin pelarse con él. Las carnes rojas horneadas con papas, las pastas con salsas de tomate o queso, los arroces poco condimentados o incluso las tablas de quesos (evitando los de sabor fuerte), son buenas alternativas para sostener el sabor de los ejemplares vínicos más prestigiosos.

9) Nunca hay que olvidar lo siguiente: el mejor de los vinos puede verse arruinado por una combinación incorrecta con la comida. Esto no significa que la libertad de elección de acuerdo a los gustos particulares se vea coartada, sino que el encuentro entre el vino y ciertos alimentos debe evitarse siempre. Por ejemplo, las vinagretas muy fuertes destruyen el sabor de todo vino que se le ponga a la par. Lo mismo puede decirse de los cítricos, los alcauciles, las especias o picantes de gusto muy pronunciado, el ajo y todo aquel ingrediente cuya presencia en exceso produzca un choque de sabores. Naturalmente, esta incompatibilidad de caracteres no es tal si cualquiera de los mencionados se encuentra en proporciones pequeñas, de manera suave o formando parte de rellenos y salsas, donde su presencia suele ser mucho más discreta.

10) En ocasión de festejos es bueno  romper con todo tipo de rutina, y resulta atractivo entregarse a la experimentación de nuevas conexiones en materia de maridajes. Nada impide ir recorriendo todos los colores (blancos, rosados, tintos y, por supuesto, espumantes), a medida que las distintas viandas van haciendo su aparición en la mesa, combinando además vinos aromáticos con otros más austeros, así como los frescos y frutados con los complejos y potentes. Semejante diversidad –casi un lujo para los sentidos- es una buena manera de terminar el año entre los seres queridos. Váyalo pensando.

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