¿Qué particularidad atesora la Argentina que
sea a la vez única, propia e inimitable? La respuesta es simple: la altura
extrema en valles muy amplios. Probamos siete vinos salteños que representan
bien esa característica emblemática de su terruño.
Todos los países
vitivinícolas del mundo están sujetos, inevitablemente, a la conjunción de
factores que determinan la calidad de sus vinos. Los franceses tienen su terroir, los californianos su clima del
pacífico, los chilenos sus valles cerrados, los países muy fríos sus vinos de
hielo (icewines), y así
sucesivamente. Cada uno posee un elemento clave a partir del cual asume su
singularidad, como también lo hace nuestro país con su altitud. Prácticamente
todas nuestras regiones del vino se sitúan entre los 300 y los 2400 metros
sobre el nivel del mar (por supuesto, con picos localizados aún mayores) lo que significa tener asegurado un clima marcado por
la amplitud térmica, la excelente radiación solar, las noches frescas, la
ausencia de contaminación y la prolongación del período de madurez. Como
resultado, las uvas que crecen y maduran en ese entorno producen vinos
profundos, intensos y francos, que ven potenciada su tipicidad varietal gracias
a la conjunción de todos los elementos naturales que proporcionan estructura,
color, aroma y sabor.
A mediados de la
década pasada, una bodega salteña utilizó acertadamente el slogan “los vinos
del vértigo” para definir a sus productos. Es que, en efecto, la altura y sus
beneficios son cuestiones íntimamente relacionadas al vino de los Valles
Calchaquíes, denominación éstq queagrupa a diversos terruños diferenciados
entre sí por las marcas del altímetro, que van desde los 1700 metros en
Cafayate hasta los 2400 en Colomé, pasando por los 2000 en Yacochuya o el mismo
valor en la comarca de La Viña, entre otras. El gigantesco valle se encuentra
íntegramente contenido por cordones montañosos que le dan una forma de “V”, con
vértice en la localidad de Santa María, en la provincia de Catamarca. La sierra
de los Pastos Grandes, la Nevada de Cachi y las Sierras de Quilmes son las
formaciones ubicadas al oeste, y al este se encuentran las Sierras de
Carahuasi, las cumbres Calchaquíes y el embalse de Cabra Corral. Los vinos
salteños llevan implícito el molde de su cuna, que puede sentirse en la
fragancia voluptuosa del Torrontés, la oscura e imponente seriedad del Malbec,
o el carácter vehemente y terroso del Cabernet Sauvignon. Una degustación de
siete etiquetas provinciales nos dice que el carácter territorial está bien
implícito en sus vinos.
Colomé Torrontés 2012 ($ 80): un blanco con esa tipicidad medio salvaje (pero
no agresiva), llena de aromas a uvas frescas y cítricos, sin rasgos de amargor.
Representa bien lo que la variedad puede dar en las diáfanas y limpias alturas
salteñas
San Pedro de Yacochuya Torrontés 2012 ($ 85): en la misma línea, con toda la potencia terpénica
que el Torrontés puede dar sin caer en los excesos. Bien aromático y
enjundioso, como para hacerle los honores a una buenas empanadas al modo
provincial.
Piatelli Cabernet Sauvignon Premium reserve
2012 ($ 85): de uno de los últimos
emprendimientos encarados en la región llega este Cabernet que mantiene bien en
alto el perfil del terruño: muchos aromas minerales, especias y el infaltable
pimentón, todo bien ensamblado en un tinto para deleitarse ya o guardar.
Domingo Molina Cabernet Sauvignon 2010 ($ 150):
para aquellos que vienen siguiendo
a este vino desde sus primeras cosechas comerciales (allá por el 2000), no
caben dudas de su evolución en términos de elegancia y tomabilidad, sin haber
resignado por ello su impronta salteña de buen color y estructura sólida.
Fincas Notables Tannat 2011 ($ 180): último lanzamiento de la línea, con una uva que
se perfila muy bien en las alturas del NOA. Sus taninos bien maduros y su color
completo le dan una doble chance de agradar a los partidarios de los tintos
poderosos pero no ásperos. Ideal para las carnes a la parrilla.
Tukma Gran Corte 2010 ($ 180): un blend que bien puede definir la fórmula de
los futuros grandes vinos de Salta: Malbec (preponderante en este caso),
acompañado por Tannat Y Cabernet Sauvignon. El resultado es previsible en el
buen sentido: fuerza y presencia en el paladar, que se ven compensados por una
excelente acidez natural y mucha mineralidad.
RD Cabernet Malbec 2011 ($ 185): un vino de culto para sus seguidores, aunque ya
no resulta tan difícil encontrarlo como en otras épocas. Sigue manteniendo las
virtudes emblemáticas de color intenso, aromas terrosos y cuerpo completo.


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