EN LA VARIEDAD ESTÁ EL GUSTO

La cantidad y diversidad de opciones en materia de etiquetas son dos características conocidas del mercado vinícola actual. En ese orden de cosas, probamos siete ejemplares cuyos únicos elementos comunes son su pertenencia a la industria argentina y su perfil heterogéneo.





Probar vinos argentinos de hoy -en el sentido más amplio del término “probar”- supone la experiencia de encontrarse con productos pertenecientes a los más diversos segmentos en cuanto a perfiles y precios, en claro contraste con lo que sucedía hace unos veinte años atrás, cuando todo el mercado no iba más allá de los blancos, los tintos, los espumantes y un brevísimo escaño de rosados y dulces. Las cosas, como sabemos, cambiaron vertiginosamente en esas dos décadas, especialmente en lo que hace a la aparición de alternativas enológicamente variopintas: varietales novedosos, cortes poco experimentados y elaboraciones innovadoras están a la orden del día para beneplácito de los aficionados.

No debe causar perplejo, entonces, que hayamos resuelto en esta ocasión probar siete especímenes que reflejan bastante bien esa suerte de pluralidad de estilos, incluyendo en el repertorio a tintos, blancos, rosados, espumantes, dulces, varietales y genéricos, de marcas tradicionales y de escuderías relativamente recientes, con elaboraciones clásicas o con tratamientos sumamente singulares.

Vinserus Malbec Cosecha de Otoño 2007 ($ 85): los tintos dulces no encabezados (es decir, que no imitan al Oporto) constituyen una especie bien rara en el mercado mundial de vinos, y mucho más en la Argentina. Con todo, la bodega Fermasa de Luján de Cuyo se animó con esta etiqueta de 14° de alcohol, 75 gramos de azúcar natural por litro y 7 meses de crianza en roble. El resultado es más que interesante, dulce pero no empalagoso, rico, complejo, para buscarle el maridaje ideal.
Puro Rosé 2010 ($ 100): merced a la práctica de la sangría en los vinos tintos creció el mercado de los rosados, como lo demuestra la proliferación de nuevas marcas. El Puro 2010 resulta verdaderamente singular, empezando por el color con ribetes dorados (“piel de cebolla” dirían los puristas), un aroma con puntos almendrados y un sabor complejo, de una intensidad sápida no siempre asequible entre sus pares.
Deseado Rosé s/a ($ 110): el hermano más nuevo del exitoso Deseado blanco, producto del corte entre Torrontés con una pizca de Malbec. Las señas particulares que caracterizan a la marca se mantienen también en este caso: dulzor marcado, bastante frescura, aroma frutado que recuerda a zumo de uvas y una envidiable facilidad de trago.
Séptima Obra Cabernet Sauvignon 2012 ($ 120): mucha fruta roja bien entendida hay en este Cabernet Sauvignon, lo cual significa tonos de cassis y cerezas maduras, pero siempre con un punto de acidez que proporciona frescura y evita el efecto “jugo de pasas” tan frecuente y lamentable entre los tintos nacionales. Si sumamos su tipicidad, su prolongación de sabor (con el tanino picantito de la variedad) y su precio honesto, no hay que dudar demasiado.
Graffigna Grande Reserve Malbec 2011 ($ 125): no todo es Syrah en la tierra del Syrah. También existen los buenos Malbec, especialmente si provienen de alto, luminoso y fresco Valle del Pedernal, como el que nos ocupa. Con 12 meses de roble bien puestos se destacan su fruta madura, la redondez de los taninos y el volumen que proporciona en boca. Otra buen precio para un buen vino.
Kaiken Chardonnay 2011 ($ 129): los Chardonnay que son a la vez frescos, minerales y duraderos parecen una exclusividad de los terruños tradicionales europeos o de ciertas (y escasas) regiones del Nuevo Mundo, frías o cercanas al mar. Pero en Mendoza siguen intentándolo con resultados alentadores. Tal es el caso del blanco de referencia, que con sus tres años de vida exhibe un color amarillo pálido, bastante frescura terrosa y la debida fruta, elegante, estilizada, nada chillona.
Vaglio Chango 2013 ($ 180): cuando tanto se habla de terruños argentinos no sólo se alude al conocido concepto del producto concebido, vinificado, criado y embotellado en un sitio específico. Hay otras opciones como la que nos ocupa: el corte de vinos de diferentes lugares emblemáticos del territorio patrio. La gente de Vaglio así lo entendió para crear este original blend compuesto por Tannat de Salta acompañado por Malbec y Cabernet Sauvignon de Mendoza. No es un tinto sencillo de entender, tiene un punto de rusticidad y cierto dejo vegetal, pero representa precisamente eso, es decir, la búsqueda de nuevos horizontes geográficos y sensoriales.

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