EL VINO EN LOS TIEMPOS DEL TWIST

Los tempranos años de la década de 1960 marcaron una época de grandes cambios sociales, políticos y culturales. Es bueno recordar cómo se publicitaban y consumían los vinos argentinos de ese tiempo.

Las dos décadas posteriores a la finalización de la Segunda Guerra Mundial representaron un período de profundas transformaciones en todas las sociedades del mundo libre. En la Argentina se produjeron importantes sucesos que modificaron para siempre la manera de vivir de sus habitantes. Desde la mirada de la vitivinicultura, los gustos se iban polarizando entre dos franjas muy simples: los vinos comunes y los vinos de calidad. Estos últimos, a su vez, tenían un escalón inferior formado por los entonces llamados "reserva",  y otro superior, compuesto por los finos propiamente dichos. Otras costumbres vinícolas  dcostumbres  del sector se apagaban de manera paulatina, como el fraccionamiento y expendio en cascos de roble, que para ese entonces empezaban a ser velozmente reemplazados por las botellas de litro, primero con corcho y luego con la novedosa tapa a rosca; un invento que revolucionó el universo de los envases.

También la publicidad del sector tenía sus particularidades, especialmente cuando se trataba de productos de cierta calidad. Tal vez a causa de su popularidad masiva en los comienzos de la televisión, es frecuente creer que los anuncios de vinos estaban destinados exclusivamente al mercado de los "comunes".   Sin embargo, la realidad indica que también existía una variada y dinámica difusión publicitaria en el mercado de vinos finos, espumantes y bebidas espirituosas, sobre todo en medios gráficos destinados a un público más selecto. Los medios favoritos de entonces eran las revistas de temas generales o políticos, con una acentuada preferencia por las de aparición mensual, como "Panorama" o "Selecciones del Reader´s Digest" que más que una revista era una antología de notas periodísticas y libros en su versión argentina. Haciendo un repaso de aquella literatura periódica, es posible ubicar un sinfín de publicidades de vinos conviviendo con otras marcas que marcaron época. Así, junto a los distintos referentes de la vitivinicultura y según iban transcurriendo las décadas, se ven "pasar" a los automóviles Valiant y Fiat 1500; a las aerolíneas Braniff y Pan Am; a las toallas Selsa, las sábanas Grafa, la "Ginger Ale" Canada Dry,  la colonia Lectric Shave de Williams y el Trust Joyero Relojero.

Algunos de tales mensajes hoy  resultan casi inverosímiles, como el que rezaba: "un viejo prestigio en vinos finos". Al contrario de lo que ocurre hoy en día, la palabra "viejo" era utilizada con frecuencia para reforzar la idea de algo bueno y noble. Para la misma época, otra bodega nacional anunciaba lo siguiente: "de un viejo rincón de nuestras bodegas nació este delicioso vino mezcla de uvas finas, que en su homogeneidad trasluce la delicadeza de su paladar y su exquisito bouquet". Completando el cuadro, la antigua firma Perpiñan Prim elaboraba un vino Saint Emilion que en su etiqueta lucía la siguiente leyenda textual: "vino fino tinto (viejo), de buqué suave y armonioso". No obstante, algunos años más tarde, el vino ensayaría cierta renovación con un puñado de anuncios de estilo algo más transgresor, incluyendo motos de alta cilindrada y lindas mujeres en ropa de cuero.

Por otra parte, no deja de resultar sorprendente la cantidad de avisos de espumantes que aparecen sin solución de continuidad durante la década de 1960, lo que denota un alto consumo. Con el inevitable apelativo de "champagne" y casi siempre haciendo alusión a los eventos festivos o a la exclusividad,  podemos citar algunos ejemplos como "hace la fiesta", "distinguido por una selecta minoría" o "el broche de oro". Otros mensajes de aquellos días para productos de paladar algo más masivo eran "12 meses en su mesa" y "un buen vino siempre se recuerda". Para darse una idea cabal del enorme cambio de mentalidad ocurrido desde entonces hasta hoy, basta con citar un aviso de cierto establecimiento que aseguraba orgullosamente que sus ejemplares, incluyendo rosados y blancos, contaban "todos con 10 años de añejamiento". Por supuesto, la historia continuó su curso inexorable en el marco de un profundo cambio de costumbres, mientras muchos de aquellas publicidades iban pasando de moda y se dirigían rumbo a la oscuridad del olvido. En el medio quedaron no pocas  bodegas y marcas, pero otras continuaron siendo testigos presenciales de la vida de una industria que logró reinventarse a sí misma. Con todo, siempre es bueno volver la mirada hacia atrás para ver la perspectiva del tiempo y descubrir cómo eran las cosas no hace mucho pero, a la vez, hace tanto.

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