DE MENDOZA AL SUR

Entre el paralelo 33 y el 42 se ubica una buena parte de la vitivinicultura argentina, con características bien marcadas. Las alturas mendocinas y los valles fluviales del sur son la cuna de tintos complejos y elegantes. Probamos siete de ellos que recién salen al mercado.

La Argentina es hija de la inmensidad. Desde sus orígenes, cada desarrollo humano ha sido fruto de un formidable esfuerzo por vencer las enormes distancias. Con un territorio continental de 1.818.479 km2, al que se suman 973.331 km2 correspondientes a la Antártida y las islas del Atlántico sur, es una nación poseedora de una riqueza natural y visual verdaderamente notable, ya que prácticamente no hay paisaje imaginable que no se dé en algún rincón de su suelo. Dentro de esa diversidad de ecosistemas naturales, no podían faltar una serie de regiones altamente  propicias para el desarrollo de la industria de vino. Salvo excepciones muy puntuales, el mapa vitivinícola del país comprende una vasta franja al oeste del territorio, ubicada de norte a sur desde los 22 hasta los 42 grados de latitud. Allí existe una superficie cultivada que hoy supera las 220.000 hectáreas. Ahora bien, si cortamos arbitrariamente esa franja por la “mitad”, sólo nos quedan las provincias de Mendoza y las que corresponden al sector patagónico más activo, es decir, La Pampa, Río Negro y Neuquén.

Pero, más allá de este juego meramente geográfico, ¿hay realmente algo en esta “mitad sur” del vino nacional que pueda darle una entidad definida? Si nos atenemos a los mejores terruños mendocinos y a los viñedos bien constituidos del sector austral, entonces estamos hablando de una enrome región en donde se generan naturalmente  las posibilidades más altas de obtener vinos elegantes, frescos, con el equilibrio que provee la buena acidez natural. Esto no descarta al resto del país en absoluto para el mismo fin, pero digamos que en las comarcas mejor ubicadas de Luján de Cuyo, el Valle de Uco, San Patricio del Chañar y Uco, San Patricio del Chañar o el Alto Valle de Río Negro, el clima y la ubicación  “ayudan más”, por decirlo de alguna manera. Con esa idea en mente probamos siete vinos tintos pertenecientes a esta área tan amplia y tan prometedora de nuestro territorio.





Carinae Cabernet Sauvignon 2013 ($ 75): joven, frutado, agradable, aterciopelado y buen compañero de comidas. Es decir, lo que razonablemente se pide en un vino de esa franja de precio en nuestros días, y que se encuentra muy bien expresado por este tinto que sin dudas no va a defraudar en el contexto adecuado.
La Poderosa Cabernet Franc – Merlot 2012 ($ 85): el corte Cabernet Franc con Merlot parece más propio de Saint Emilion que de la Patagonia, pero lo bueno es que nuestro sur tiene todo lo necesario para que ambas cepas crezcan y se desarrollen sin inconvenientes. El tinto en cuestión es fresco, de estructura fluida y taninos dóciles pero a la vez crepitantes, con la acidez elegante tan prototípica de la región.
006 Merlot 2012 ($ 90): no ha sido muchos los emprendimientos nacientes en la región austral del país luego de la explosión neuquina del cambio de siglo. Pero cierto grupo de gente está poniendo sus fichas en nobles y viejos viñedos de Mainqué, en Río Negro, junto con la restauración completa de una vieja bodega. Este es uno de los primeros vinos de la casa (y justamente Merlot, crédito del sur), que ya se luce por sus agradables tonos vegetales (cedro), su excelente acidez natural y su perfil estilizado, fino. Buen comienzo de una nueva bodega, para seguir con atención.
Casa Boher Cabernet Franc 2012 ($ 120): nuevo integrante de la línea en representación de una variedad bien conocida por la bodega. En este caso se lo nota muy rico y tomable, con la madurez de taninos característica de la casa y su enología. Amplio, untuoso, perfecto para tomar hoy mismo luego de desembolsar un importe muy acorde a sus cualidades. Se va a lucir junto a cordero al horno, arroces bien condimentados y pastas con salsas copiosas.
Navarro Correas SDE 2011 ($ 180): la línea Selección del Enólogo nació como lógica adaptación al actual juego de vinificar uvas de  fincas, parcelas y lugares específicos. La cosecha 2011 está compuesta por un corte que integra Cabernet Sauvignon y Franc junto con  Carmenere y Merlot. Su color rojo bordó profundo anticipa un vino intenso en general, con muchos tonos de vegetales, fruta madura y especias. Muy rico, para tomar ahora o guardar.
LaGran Revancha Blend 2011 ($ 360): entre las buenas creaciones de Roberto de la Mota se destaca este blend (Malbec, Cabernet Sauvignon, Petit Verdot y Cabernet Franc), elegante y expresivo por donde se lo mire. Tiene fruta, poder aromático, presencia y el equilibrio necesario para que todas esas cosas concluyan en un producto armónico, bien al estilo de su hacedor.
Noemía Malbec 2012 ($ 850): un vino de ochocientos cincuenta pesos genera todo tipo de comentarios, pero se nota un consenso general respecto a que Noemía es uno de los mejores Malbec de Argentina en términos netamente cualitativos. ¿El mejor? Tal vez, pero lo verdaderamente importante es que el ejemplar de la cosecha 2012 (que recién está por ser lanzada al mercado) se muestra envolvente, mineral, complejo al extremo. Sin dudas va a seguir dando mucho que hablar, tanto por su calidad sobresaliente como por su precio sideral.

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