TINTOS PARA PASAR EL INVIERNO

Existe una antigua y muy lógica relación entre los tintos corpulentos y los meses de más frío, ya que vinos cálidos y gruesos permiten sobrellevar la temporada invernal junto a comidas acordes. En ese sentido, las mejores etiquetas de San Juan y Salta  son especialmente propicias para tales ocasiones.

Mucho se habla sobre la estacionalidad de los alimentos y las bebidas. En tiempos de calor, todos buscamos comer cosas frescas, ricas en líquidos y poco calóricas, mientras que en épocas de frío los parámetros son opuestos. Alimentos con mayor contenido graso, preparaciones más densas y picantes son bien toleradas por el cuerpo y mejor recibidas por el ánimo. Lo bueno del caso es que todo eso también sucede con el vino y, dejando de lado la necesidad de adecuarlo a lo que comemos, es evidente que la temperatura, la humedad y la época del año tienen su importancia. Como regla general, cuanto más frío es el clima más corpulentos se necesitan y toleran los vinos, incluso con un poco más del alcohol. Por eso, la llegada de la estación invernal es una oportunidad inmejorable para transitar entre las alternativas más poderosas de los tintos junto a platos de sabor intenso como pucheros, cazuelas, arroces bien condimentados, carnes de caza y guisos. En el caso de los vinos, esto implica buscar aquellos de mayor vigor gustativo, tanto sea por variedad como por terruño y elaboración. Y si bien tales condiciones pueden ser obtenidas sin problemas en todas las regiones vitivinícolas de nuestro país, hay dos provincias en donde el color profundo, el aroma arrollador y el cuerpo vigoroso de los tintos es un sello de origen. Ellas son Salta y San Juan.

Ahora bien, ¿es posible relacionar tan rápidamente los vinos de ciertas regiones con el consumo en la estación fría? Como ha sido dicho, las cualidades esenciales de color, alcohol, fuerza gustativa y estructura pueden ser alcanzadas en múltiples geografías argentinas gracias a la abundancia de sol y la sanidad del clima, pero es indudable que tales condiciones se potencian desde el paralelo 32  hacia el norte. Así como en las partes altas de Mendoza y en la Patagonia los vinos presentan un perfil ciertamente más estilizado (merced a una acidez natural más elevada y una madurez de la uva más lenta),  sus similares sanjuaninos y salteños se inscriben en la ya mencionada silueta robusta, cálida y directa.

Todo sabemos que la altura y sus beneficios son cuestiones íntimamente relacionadas al vino tinto de Salta, provincia que agrupa a diversos terruños diferenciados entre sí por las marcas del altímetro, que van desde los 1700 metros en Cafayate hasta los 3000 en ciertos sectores de Molinos, pasando por los 2000 en Yacochuya o el mismo valor en la comarca de La Viña. De esa manera, los vinos salteños llevan implícito el molde de su cuna, que puede sentirse en la oscura e imponente seriedad del Malbec, el perfil sorprendente y compacto del Tannat o el carácter vehemente y terroso del Cabernet Sauvignon. Esa típica reciedumbre y rusticidad del Cabernet local, por ejemplo, dotada de ligeros tonos herbáceos, puede ser una delicia digna de ser probada cuando el termómetro baja mucho. Si proponemos maridajes regionales, el locro combina perfecto con Malbec, la cazuela de cabrito con Tannat, el cordero al horno de barro con Malbec y el cabrito al horno con papas picantes con Cabernet Sauvignon .

Más al sur, la vitivinicultura sanjuanina ha encarado un proceso de modernización realmente asombroso a través de la implantación de nuevos viñedos, con manejos agronómicos sustentables y la incorporación de tecnología en las bodegas. Claro que la naturaleza, como no podía ser de otra manera, colabora con lo suyo. En los valles de San Juan, la ecología reúne todo lo que necesitan los racimos para crecer y madurar en forma lenta y prolija. El clima cálido y seco, estable, escasamente lluvioso, provee la necesaria luminosidad e impide la presencia de hongos y microorganismos que atacan a la vid. La altura –que se sitúa entre los 630 y los 1300 metros sobre el nivel del mar- asegura la formación de aromas y la fijación de los pigmentos colorantes naturales en el hollejo de las uvas. Todo esto se traduce en vinos tintos  muy expresivos y definidos. Es decir, dotados de colores vibrantes, aromas intensamente frutados y sabores poderosos,  capaces de colmar el paladar y resguardarnos de los duros fríos del invierno. ¿El acompañamiento? Carnes rojas con salsas,  quesos bien estacionados y algunas combinaciones más jugadas en las que intervienen  los frutos y dulces de la región.  Está todo dicho: para mitigar el frío, vinos portentosos junto a comidas suculentas, mejor si tienen ese saborcito argentino de Cuyo o del NOA. ¿Alguien se lo va a perder?

Foto: Flickr CC Ryan Opaz

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