GONDOLAS DESARRAIGADAS

Aunque mucho se habla sobre  los terruños del vino argentino, lo cierto es que su existencia no parece incidir demasiado en la decisión de compra de los consumidores. En función de eso, tanto minoristas como grandes cadenas privilegian otros sistemas para ordenar sus góndolas y estanterías.




En un país donde las regiones vitivinícolas no son todavía el factor que decide la intención de compra, resulta casi futurista pensar en algún comercio que ordene sus góndolas en función de  provincias, regiones, zonas y terruños, como sucede normalmente en Europa y algunos otros países del mundo. ¿Se imaginan un local así, con los vinos argentinos separados por su condición territorial? Sería un avance muy grande en la educación del consumidor, pero la cosa parece estar aún un poco verde. Si bien es cierto que la caracterización territorial está ganando espacio en distintos eventos vitivinícolas (como algunas ferias de vinos, en las que la  pertenencia a un terruño es el leitmotiv), todavía no es algo que haya llegado al ámbito más estrechamente relacionado con el consumidor, es decir, el sitio en el que busca, elige y compra su botella. El eslabón comercial de la cadena no parece todavía interesarse en semejante factor de diferenciación, posiblemente porque los mismos consumidores no lo reclaman ni lo sugieren. Al argentino promedio le importan la marca o el cepaje, e incluso puede llegar a fijarse en ciertos rasgos relacionados con la elaboración y la crianza (como la leyenda “roble”), pero la región productora es, por ahora, un mero dato accesorio. Así se han ido formando algunos  métodos de presentación en el comercio nacional que son característicos desde hace mucho tiempo.

Hoy por hoy, los dos sistemas más frecuentes están pensados en función de tipos y marcas, lo que a su vez tiene que ver con las modalidades más frecuentes en las grandes cadenas de supermercados y en las vinotecas, respectivamente. Desde un punto de vista lógico, los supermercados son los que llevan la delantera en este campo, puesto que en sus estanterías los vinos están separados por variedades y tipos. Más allá de los grupos básicos (blancos, tintos, rosados, dulces y espumantes), la segmentación más "fina" discrimina varietales y genéricos, y dentro de los primeros se produce una separación por cada varietal. Los espumantes, por su parte, se presentan de acuerdo a los grupos de la escala seco-dulce:  nature, extra brut, demi sec, etcétera. Las vinotecas, en cambio, sólo discriminan marcas, incluso mezclando en un mismo sector a los blancos, tintos y rosados, si éstos pertenecen a la misma bodega. Sólo suelen estar separados de esa mescolanza los escasos vinos importados, los dulces y los espumantes, aunque no siempre es así, ya que depende de cada comercio en particular. Incluso puede suceder que los diferentes locales de una misma cadena de vinotecas no utilicen exactamente el mismo criterio a la hora de presentar las botellas.

Por supuesto que debe haber excepciones, pero ellas no hacen más que confirmar la regla general. Para decirlo sin rodeos, a un porcentaje ampliamente mayoritario del público vernáculo no le interesa demasiado el origen geográfico de los vinos, excepto un pequeñísima fracción de gente que podríamos llamar “aficionados entusiastas” o, si se quiere, “consumidores ilustrados”. ¿Llegará el día en que términos como Mendoza, Salta, Patagonia o Valle de Uco resulten determinantes en la elección de compra de un vino argentino? Tal vez, pero esa posibilidad se vislumbra, por ahora, muy lejana en el futuro.

2 comentarios :

Anónimo dijo...

Estamos recién comenzando a desarrollar el proceso de identificación de terruños. Y lo cierto es que aproximadamente un 3% del total de consumidores debe saber que significa esa palabra y a lo mejor al que lo sabe todavía no le interesa demasiado. También es cierto que algunas bodegas se llenan la boca hablando de terroir pero en pos del negocio lo que en realidad logran es sumar confusión. Ya sea desnaturalizando o enmascarando varietales para que resulten vendibles en el mercado externo, o exagerando con la proliferación de Single Vineyards: ¿Es necesario,por ejemplo, sacar a la venta un Malbec de cada viñedo aunque entre estos existan 300 metros de distancia? ¿o hasta del mismo viñedo pero de diferente parcela? ¿No sería lo ideal que fuera simplemente el enólogo quien amalgamara los distintos aportes de todos esos viñedos y los plasme en un solo vino que identifique al terruño? Pero no, asi venderíamos solo una botella ¿por qué si podemos vender tres o cuatro? Perdón, es que se pueden hablar horas de este tema. Abrazo Gustavo. LAVACOPAS.-

Gustavo dijo...

El razonamiento es cierto, especialmente en los casos de mucha especificidad geográfica, como los Single Vineyard. Sin embargo, no deja de ser alentador que, por ejemplo, decir "Torrontés de Salta" es hoy mucho más significativo que decir "Torrontés" a secas.¿Llegaremos lejos con eso? Tal vez, o tal vez no, pero es un camino que hay que recorrer. Saludos, GCH