Como siempre ocurre en esta época del año, los
blancos secos y dulces empiezan a llamar la atención de los consumidores
argentinos. Y así parecen entenderlo las bodegas, que hacen coincidir sus
lanzamientos con ese interés estacional que se renueva cada año.
Todo el mundo
sabe que las uvas blancas maduran más rápidamente que las tintas, y se
cosechan primero. También encierran aromas y perfumes más frágiles,
susceptibles de evaporarse rápidamente, y por eso son tratadas con más cuidado,
al punto de que muchos avances de la tecnología enológica, como las prensas
neumáticas y los equipos de frío, fueron concebidos pensando en esas
necesidades especiales. Tal vez por tanta presencia de tecnología, mucha gente
acabó pensando que el vino blanco es “menos natural”, que dura poco, o que es
muy perfumado y por ende más difícil de combinar con comidas. Naturalmente,
todas son exageraciones. Los verdaderos conocedores saben muy bien que el
blanco es un vino agradable, versátil y fresco, pero que también puede ser intenso,
complejo y poderoso, con algunos exponentes mundiales tan caros y prestigiosos
como el mejor de los tintos.
Por su parte, los buenos vinos dulces naturales se
reanimaron súbitamente a principios de los noventa mediante la presentación en
sociedad de varios ejemplares al estilo de la cosecha tardía o Late Harvest ayudados. Su
redescubrimiento se basó en la búsqueda del máximo placer en el momento de la
sobremesa y en la asociación de su consumo con los mayores niveles de
sofisticación y refinamiento (sin duda, dos estigmas muy atractivos). Así, el
mercado nacional se ha visto
literalmente invadido por un tipo de producto que prácticamente no existía hace
apenas quince años.
En esta ocasión privilegiamos el color por sobre todo lo
demás. Secos y dulces, caros y baratos, aquí van siete ejemplares que se ven en
el mercado, entre los que se cuentan nuevas presentaciones y nuevas cosechas:
Ampakama Viognier
2012 ($ 31): casi un estereotipo de los blancos frutados, fluidos y fáciles
de beber, proveniente de una provincia que le está “agarrando la mano” a los
vinos de ese color. Viene muy bien para regar comidas livianas durante los
primeros calores de la primavera tardía.
Alma Mora Blend 2013
($ 46): el corte de Sauvignon Blanc y Semillón siempre da buenos resultados,
como bien los saben los productores de Bordeaux desde hace siglos. Este
ejemplar sanjuanino cuenta con esa combinación feliz entre los rasgos vegetales
del primero y la mineralidad del segundo, que conforman una silueta amplia y
compleja en matices primarios.
Piedra Negra Alta
Colección Pinot Gris 2013 ($ 58): aunque ya no es moda, el Pinot Gris sigue
ofreciendo gratas sorpresas, como este varietal de color muy pálido (casi
blanco), dueño de un sabor ligero pero con su dosis cautivante: tiene mineralidad,
frescor y un porte simple pero no despojado, que lo vuelve muy indicado con
platos de sabor suave o, al contrario,
cuando alguna preparación muy potente exige algún vino que no se sobreponga.
Alamos Moscatel de
Alejandría 2012 ($ 71): no es un vino dulce en el sentido estricto de la
palabra, aunque sus 18 gramos por litro de azúcar residual le brindan un toque
abocado que combina muy bien con la silueta fresca y fluida que presenta en la
boca. Va muy bien como aperitivo o para tomar solo.
Desierto Pampa Late
Harvest Viognier 2013 ($ 75): Sus aromas definidos sugieren frutas blancas
confitadas (durazno, ananá) junto con un leve punto floral que se confirma en
el paladar, donde pasa fluido, dulce y fresco a la vez, gracias a una muy buena
acidez natural. Muy rico, para descubrir lo que ese terruño singular produce en
materia de dulzor.
Luigi Bosca Riesling
2013 ($ 108): del viñedo de la familia Arizu en Las Compuertas llega este
blanco fiel a su cepaje. De color amarillo bien pálido, presenta una nariz con
puntos florales, rasgos cítricos y ese dejo apenas resinoso típico de la
variedad. El gusto bien seco y la excelente acidez natural completan el cuadro.
CXV Cientoquince
Blend 2011 ($ 120): un vino que siempre gusta, elaborado con un corte donde
predomina el Chardonnay, acompañado por Viognier y Sauvignon Blanc. La
elaboración y posterior estacionamiento en barricas le otorgan una rica
untuosidad, que se conjuga con tonos de frutas maduras y algunos cítricos. Muy recomendable apara acompañar pescados
grillados con un toque de limón.


0 comentarios :
Publicar un comentario