Los espumantes
representan una de las experiencias más placenteras para todo amante de la
buena mesa y los vinos de calidad. Las alternativas disponibles en el mercado
nacional son muchas, pero tienden a extenderse aún más.
En nuestros días, la imagen de consumo estacional que pesaba sobre los vinos espumantes es cosa del pasado. Hoy se los disfruta desde enero hasta diciembre, con una inserción cada vez mayor en distintas ocasiones que antes les eran ajenas (como el aperitivo) y una importante oferta en los peldaños más exclusivos de precio y calidad. Hay muchas razones que explican este fenómeno, pero el principal de todos es la inversión que vienen realizando las bodegas argentinas que producen espumantes "premium", plantando importantes superficies de Pinot Noir y Chardonnay, ampliando sus instalaciones para cobijar pupitres y realizando diferentes acciones que apuntan a lograr productos con un estándar cualitativo alto, capaz de competir en niveles internacionales. De esa manera, los años recientes han sido testigos de la aparición de exponentes elegantes, con aroma delicado, sabor intenso y textura cremosa. No obstante, y más allá de todo eso, cuando llega Diciembre el segmento explota, tal cual ocurre tradicionalmente desde hace mucho tiempo.
En nuestros días, la imagen de consumo estacional que pesaba sobre los vinos espumantes es cosa del pasado. Hoy se los disfruta desde enero hasta diciembre, con una inserción cada vez mayor en distintas ocasiones que antes les eran ajenas (como el aperitivo) y una importante oferta en los peldaños más exclusivos de precio y calidad. Hay muchas razones que explican este fenómeno, pero el principal de todos es la inversión que vienen realizando las bodegas argentinas que producen espumantes "premium", plantando importantes superficies de Pinot Noir y Chardonnay, ampliando sus instalaciones para cobijar pupitres y realizando diferentes acciones que apuntan a lograr productos con un estándar cualitativo alto, capaz de competir en niveles internacionales. De esa manera, los años recientes han sido testigos de la aparición de exponentes elegantes, con aroma delicado, sabor intenso y textura cremosa. No obstante, y más allá de todo eso, cuando llega Diciembre el segmento explota, tal cual ocurre tradicionalmente desde hace mucho tiempo.
En el campo de los espumantes de estilo clásico (los más
adecuados para el acuerdo gastronómico), las apariciones y lanzamientos de
productos mantienen el mismo ritmo dinámico de los últimos años. Sin embargo,
el fenómeno se multiplica en el caso de los espumantes no convencionales,
especialmente aquellos dulces o elaborados con variedades aromáticas. Así queda
demostrado sobre el final de este 2013, año en el que hicieron su aparición no
menos de una veintena de nuevos jugadores en el escaño de las burbujas, de los
cuales la mayor parte pertenece al mundo del dulzor. Sin dudas, la tendencia
tiene que ver con una exigencia del mercado, pero cabe preguntarse si semejante
variedad de nuevas etiquetas (que se suman a una categoría ya bastante poblada)
encontrarán una demanda lo suficientemente significativa para subsistir. De un
modo u otro, realizamos una degustación de siete especímenes, algunos nuevos y
otros clásicos, combinando diferentes perfiles de productos.
Navarro Correas
Dulcet ($ 69): tal vez llevadas por recientes éxitos similares, muchas son
las bodegas que se animan hoy a elaborar espumantes dulces con un propósito de
claro perfil coctelero. Así ocurre con el nuevo Navarro Correas Dulcet, rico en
elementos que recuerdan a frutas tropicales y dueño de un dulzor equilibrado.
Se debe beber bien frío.
Chandon Delice ($
73): el pionero en lo que decíamos antes continúa en el mercado y no
modifica sus señas particulares: aromas ricos y frutados con leve dejo floral,
como anticipo de una boca más que amable, untuosa, que pide mucho frío, hielo e
incluso otros elementos ajenos al vino en sí mismo (un bitter, por ejemplo)
Mumm Sweet ($ 76):.seguimos
en este nuevo escaño cada vez más poblado con una fórmula varietal que bien
puede representar el futuro del segmento: Chardonnay, Pinot Noir y Torrontés,
es decir, la amalgama de los cepajes clásicos con una uva irreverente y
aromática. El resultado es rico y está bien hecho.
Cruzat Clásico ($
93): el éxito de este espumante, así como su prestigio, se deben (según mi
modesta opinión) a un rasgo muy apreciado por el paladar argentino: una acidez
más bien baja junto con mucha cremosidad
y los tan buscados aromas tostados. Todo en equilibrio, como para
complacer a muchos.
Pampa Mía Blanc de
Noir ($ 95): otro jugador relativamente nuevo en el terreno de las burbujas
“serias”, pensadas en función de un estilo tradicional que privilegia las
variedades francesas y los gustos secos. En este caso se trata de un Pinot Noir
que delata su origen en el lindo color “acebollado”, junto con aromas de
granadas y membrillos. Gusto al tono, completo, crepitante, que tiene cuerpo
pero no resigna frescura
Saint Felicien Nature
($ 155): ejemplar ideal para los que no quieren cuerpo ni sabores tostados,
ya que es un espumante bien ligero, fluido, de elegancia rayana en lo etéreo.
No obstante soporta bien un par de años en botella (por experiencia personal),
donde acrecienta sus delicadas virtudes.
Luigi Bosca Boheme ($
200): un nombre de peso entre las burbujas nacionales, cuya composición
incluye un toque del raro y escaso Pinot Meunier. Se trata de un producto de
esos que pueden acompañar una cena completa por su complejidad aromática y su
sabor intenso, cremoso, pero a la vez estilizado y prolijo.


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