La degustación del Valroy Borgoña 1975 subida hace
poco tuvo muy buena repercusión. Por eso, te proponemos conocer algo similar
hecho con otras bebidas argentinas de los viejos tiempos: un oporto de los años
1940, dos botellas de vermouth de la
década de 1950 y dos botellas de gin fechadas en 1964.
La industria nacional de bebidas es una de las más antiguas constituidas en la república. Poco después de la batalla de Caseros comenzaron a producirse en escala todo tipo de productos destinados al amplio consumo de la época. Y si bien la importación desde Europa tuvo un predomino absoluto hasta la segunda década del siglo XX, lo cierto es que la demanda superaba con creces todas las proyecciones posibles de producción, importación y adulteración. El fenómeno de los inmigrantes y las propias características de la vida de la época (en la que se tomaba realmente mucho y fuerte) generaban cifras de consumo per cápita que hoy nos parecen asombrosas. Vino, cerveza, coñac, ginebra, licores, aperitivos y vermouths fueron las bebidas favoritas de los argentinos durante más de cien años.
En el blog Consumos del Ayer hemos realizado
algunas degustaciones de bebestibles antiguos, que en todos los casos nos
depararon gratas sorpresas. Cada uno reflejó el alto nivel de calidad alcanzado
por la actividad local de los vinos y los destilados, que no siempre es
valorada en toda su dimensión histórica. Así lo demuestra el hecho de que vinos
generosos y bebidas espirituosas con más de cuatro decenios encima están en mejor estado
que sus similares de hace diez. ¿Casualidad? Puede ser, pero me inclino a
pensar que las cosas de antes se hacían con una filosofía que iba mucho más
allá del consumo inmediato. El producto más
antiguo que probamos fue el Vino Cordero,
un licoroso tipo oporto que llegó a ser extremadamente popular entre 1890 y
1940, al punto de que su mención era recurrente en las obras de teatro. También
solía ocupar importantes espacios publicitarios en medios de la época. La
degustación está dividida en dos partes: en la primera repasamos la historia de
la marca y en la segunda está la cata
propiamente dicha.
Luego le siguen
dos botellas de sendas marcas líderes del vermouth y los aperitivos argentinos:
Cinzano y Martini. Los ejemplares databan de mediados de la década de 1950, tal
como pudimos deducir de sus etiquetas y ciertos detalles implícitos en
cápsulas, tapones y restos de estampillas fiscales. Lo más sorprendente de todo
fue que resultaron bien ricos, tanto solos como con limón y soda.
No menos notable
fue el análisis sensorial hecho sobre un par de añejas botellas de gin
nacional, correspondientes a las marcas Hiram
Walker y Royal Ludgate. En este
caso se trata de piezas datadas hacia 1964 (una de ellas lo indica directamente
en la etiqueta), cuyo contenido fue servido puro y en la modalidad de gin tonic, tal vez el trago más conocido
que involucra a este destilado.
Tres ocasiones
únicas, que me brindaron la posibilidad de “viajar en el tiempo” a través de la
producción nacional de bebidas. Una industria que sabía hacer las cosas muy
bien, por lo visto.


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