Siempre ha habido bodegas, enólogos y empresarios pioneros,
pero pocas veces se hace referencia a las marcas de vinos argentinos que
cuentan con la característica histórica de haber señalado rumbos en el mercado.
En efecto, ya sea por imagen, por estilo o por simple continuidad cronológica,
es posible encontrar un puñado de ejemplares que llevan consigo el positivo estigma
de ser no solamente clásicos, sino también pioneros. Se trata de un grupo que
supera las similitudes varietales, regionales o de segmentos de precios, ya que
una lista de ellos permite observar que allí conviven blancos y tintos,
genéricos y varietales, caros y baratos, del NOA, Cuyo y la Patagonia. El común
denominador que los une es, entonces, el hecho de haber marcado caminos a través
del tiempo en las preferencias del público nacional.
Con el paso de los años, muchos de los viejos rótulos fueron
despareciendo, aunque aún hoy es posible encontrar un cierto número que
representa bien al pelotón de las marcas tradicionales de vinos argentinos. La
degustación de siete botellas valiosas permite inferir que sus respectivas vigencias
comerciales no han disminuido en absoluto, y que continúan siendo buenas
alternativas de consumo.
Etchart Privado Torrontés
s/a ($ 19): este blanco se constituye como un clásico de los clásicos
dentro de su cepa sin perder continuidad ni vigencia. Esa representación
genuina de su uva se nota bien de principio a fin, dentro de un perfil fresco,
sutilmente perfumado, para nada amargo y muy fácil de tomar.
San Felipe Tinto s/a
($ 29): muchos vinos argentinos resultan reconocibles por la constancia en
el diseño de sus etiquetas, pero el San Felipe es el mejor caso del mismo
efecto a partir de su típica botella “caramañola”. En su interior, como
siempre, descansa un tinto de aromas a frutas y especias, vivaz, con una boca
rica y buen cuerpo.
Don Valentín Lacrado
s/a ($ 30): es casi imposible hablar de estos vinos sin tener que decir
“los clásicos nunca pasan de moda”. La frase hecha es perfecta para una
etiqueta histórica de Bianchi, hoy marcada por el color rubí del producto y una
estructura liviana que lo hace muy tomable, tal como lo desea su legión de
seguidores.
Intimo Cabernet
Sauvignon 2012 ($ 62): en un tiempo, cuando la bodega Canale sostenía el
estandarte de los vinos australes casi en solitario, el Intimo era un único
vino. Actualmente se transformó en toda una línea, con el veterano Cabernet
Sauvignon a la cabeza. Como siempre, es sabroso, definido, de buena acidez.
Graffigna Centenario
Malbec 2009 ($ 52): el Graffigna Centenario original fue un vino aparecido
en 1970 para festejar los cien años de esa bodega sanjuanina. Hoy es una línea
de varietales de precio medio y buena calidad, entre los que se destaca este
Malbec de muy buena definición varietal, frutado y redondo.
Chateau Vieux 2008 ($
62): estamos hablando de la marca actual más antigua de los vinos
argentinos (1938), con 75 años de historia ininterrumpida, imagen prácticamente
sin cambios y similar estilo enológico. Esto último se traduce en sus típicos
colores teja y en los aromas de café y cuero, que terminan en un sabor que es
puro terciopelo.
Saint Felicien
Cabernet Merlot 2009 ($ 95): si bien la marca se remonta a la década de
1960, el Cabernet Merlot fue lanzado a finales de los años ochenta. Luego de 25
años de continuidad sigue bastante coherente en sus parámetros de estilo:
cálido, amplio, carnoso, con un precio razonablemente acorde a su calidad.


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