Más allá de los
vaivenes experimentados por los sufridos bolsillos argentinos, los vinos de la
llamada “alta gama” no dejan de ocupar un importante espacio en las góndolas de
nuestro país.
Una sabia frase de la jerga popular dice que cada uno hace
lo que quiere con su dinero. Incluso, comprar vinos caros. Ahora bien, ¿a qué
le llamamos “vinos caros” en la Argentina de hoy? Por supuesto que esta
pregunta no tiene una respuesta concreta e inequívoca, puesto que la inflación
anula cualquier cálculo estimativo sobre una determinada cifra a partir de la
cual cierta etiqueta puede ser considerada como tal. Sin embargo, existe una
barrera sicológica que se ha mantenido en el subconsciente colectivo durante
los últimos años, más allá de la escalada de precios que todo conocemos. Esa
valla es la de los cien pesos, valor que, al ser superado, define bastante bien
lo que es un vino “caro” para la mayoría de la población. De un modo u otro, la
gente que está más o menos involucrada en el tema tiene una idea bastante aproximada
de lo que estamos hablando, independientemente del factor estrictamente
monetario.
En ese orden de cosas, las bodegas patrias han logrado
mantener esa categoría de vinos merced al mantenimiento de las marcas pioneras,
al lanzamiento de otras nuevas y a la creación de novedosas segmentaciones. El
concepto de single vineyard, por
ejemplo, tiene en nuestros días una connotación que va mucho más allá de la
calidad del producto o su grado de especificidad geográfica. El término sirve
para referirse, por sobre todo, a un vino de lujo, especial, con precio elevado. Y aunque representan un
porcentaje verdaderamente insignificante de la torta vínica vernácula, aún
resulta útil probar algunos de esos ejemplares para apreciar en qué piensan sus
productores cuando quieren destacarse dentro de la alta gama. Para ello
degustamos siete ejemplares emblemáticos del segmento.
Finca Las Moras Gran
Syrah 2009 ($ 155): un Syrah sanjuanino casi perfecto en términos de
expresión y complejidad. Rico, aromático, con la impronta del roble notoria
pero nunca dominante. Una delicia para tomar ahora o guardar un par de años.
Cadus Malbec Blend of
Vineyards 2009 ($ 200): uno de esos Malbec ricos y copiosos, que tanto
gustan a los expertos del mundo. Concentrado, con fruta y fuerza, para darse el
lujo junto a carnes rojas de la mejor calidad.
Angélica Zapata
Cabernet Franc 2009 ($ 202): digno representante de la variedad que no está
solo dentro de su escaño, ya que otros también se han animado con idénticas
intenciones. Tiene buena tipicidad (pimiento muy delicado) y taninos vivos,
como buen representante de su cepa.
Salentein Numina 2009
($ 250): blend que involucra Malbec,
Cabernet Sauvignon, Merlot, Cabernet Franc y Petit Verdot, o sea, un corte
bordelés bien completo. Tiene intensidad cromática pero resulta amable en la
boca, previo a un aroma pleno de fruta y dejos de confitura. Redondo, amplio,
para tomar hoy.
Melipal Malbec
Reserva 2006 ($ 250): un Malbec de manual, con buena fruta y bastante
concentración, más poderoso que expresivo. Hecho al gusto de la exportación,
muy parecido a tantos otros.
Montchenot 15 años
1995 ($ 280): este 15 años (que ya va por 18) representa la quintaescencia
de la enología de López: un cuerpo que es puro terciopelo en el marco de aromas
plenos a café, cuero y especias. En virtud de su estilo, es denostado por
algunos y elogiado por otros. Yo soy uno de estos últimos.
Trapiche Gran Medalla
Malbec 2010 ($ 360): balance perfecto entre la fuerza frutada del Malbec y
la correctísima acidez natural es el soporte cualitativo de este gran tinto,
que además posee dejos minerales y un final de boca para la antología sensorial.


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