La crisis obliga a
ajustar presupuestos familiares y a comprar de manera inteligente. ¿Se puede
beber igual de bien gastando menos? No es sencillo, pero algunos buenos
consejos pueden ayudar mucho a tener el paladar satisfecho y el bolsillo
contento.
Aunque parezca mentira, una de las mejores actitudes para comenzar a cambiar positivamente el comportamiento de consumo se basa en aquel viejo consejo de las amas de casa relativo a "caminar" en busca de precios. Y semejante recomendación funciona de manera sorprendentemente efectiva en el caso de los vinos. Hoy por hoy existen diferencias de hasta un quince por ciento entre distintos comercios para una misma etiqueta (obviamente, hablando de idéntica cosecha). No cuesta casi nada aprovechar algún tiempo libre con el propósito de "pegarse una vuelta" por vinotecas y supermercados comparando valores. Además de las variaciones en el precio, algunas cadenas ofrecen descuentos especiales de hasta el diez por ciento en vinos durante determinados días de la semana. Increíblemente (o no tanto), seguir esa rutina de compras en lugares o días específicos, sin dejar nunca de buscar las oportunidades, puede reducir el gasto mensual en forma más que satisfactoria sin haber perdido absolutamente nada en términos de calidad ni de cantidad.
Pero también puede suceder que la necesidad de recortar el presupuesto sea aún mayor, con lo cual no son suficientes las ofertas, los descuentos ni los precios amigables. Dicho de otro modo, es posible que nos veamos frente a la difícil circunstancia de tener que abandonar la costosa gama de nuestras preferencias, de reducir nuestras aspiraciones, viéndonos en la obligación de sondear segmentos ubicados claramente por debajo de los acostumbrados. Frente a eso, no hay que desesperarse. Las estadísticas dicen que nadie ha muerto por beber vinos un poco más baratos, y eso es muy válido en Argentina, donde todavía es posible encontrar productos dignos sin destrozar el bolsillo. Apenas por encima de los diez pesos se pueden ubicar ejemplos de sobra al respecto, que deben ser analizados con una mirada libre de preconceptos. Es muy frecuente escuchar a quienes abominan y hasta se burlan de esa franja del mercado, seguramente porque nunca se tomaron el trabajo de probar siquiera alguno de sus exponentes emblemáticos.
Aunque no es recomendable la fidelidad absoluta e incondicional a un puñado de bodegas (¿cómo saber de vinos si sólo se conoce una minúscula fracción de ellos?), una actitud que no deja de ser sabia frente a la crisis consiste en comenzar a transitar por las segundas o terceras marcas, capaces muchas veces de deparar casi tanto placer como los íconos, por un valor significativamente menor. La gimnasia de buscar vinos en peldaños inferiores puede también ser tomada como una oportunidad para el aprendizaje. Hasta se podría decir que comparar ejemplares de un mismo cepaje o de diferentes regiones resulta mucho más factible en la gama media que en las gamas altas, no solamente por una cuestión de precios, sino también por la mayor cantidad de alternativas para elegir. En los escaños intermedios, además, se da la posibilidad de encontrar muchos estilos diferenciales (vinos con y sin madera, más y menos concentrados, con más profusión de productos novedosos y variedad de orígenes geográficos, etc.) que prácticamente no existen entre los premium, casi todos elaborados con una filosofía similar y a partir de un abanico de cepas más acotado. Para afrontar la crisis con una mirada inteligente, es necesario asimismo tener en cuenta que la recesión puede limitar las posibilidades de dinero pero no disminuye las chances de encontrar sabores acordes a nuestras preferencias. Como en cualquier otra circunstancia de la vida, las dificultades nos obligan a extremar los recaudos, a prestar atención, a trabajar doblemente para lograr lo que queremos, pero no necesariamente nos imponen algún tipo de restricción. Y lo mismo sucede en el caso del consumidor de vinos, ya que ningún evento económico negativo puede evitar que tome lo que le gusta; simplemente, tendrá que esforzarse y emplear más tiempo para encontrar las etiquetas que colmen sus aspiraciones gastando un poco menos.
Independientemente de la situación coyuntural, es posible formular algunas ideas que son válidas en todo momento, pero que cobran una utilidad particular a la hora de afrontar el ajuste de cinturones generalizado que parece venir en los meses que vienen. En los siguientes puntos se resumen bien los conceptos de mayor vigencia para comprar vinos en estos días
- El "marquismo" es una conducta que no sirve en
materia de vinos. Si bien es frecuente que la gente se aferre a ciertas marcas
comerciales que le brindan seguridad (especialmente en épocas difíciles), el
mundo del vino y su conocimiento son inconcebibles sin una mínima actitud de
apertura a probar nuevas variedades, marcas y estilos. No es bueno encasillarse
en lo mismo de siempre; es mejor probar y ser receptivo a las novedades.
- En cualquier rubro, nadie compra artículos similares para
el consumo cotidiano que para una ocasión especial. Por eso, tener en cuenta la
circunstancia en que será servido un vino ayuda mucho a elegir bien y a pagar
mejor.
- Hay que ser fiel a uno mismo. Las opiniones ajenas y el
asesoramiento capacitado pueden ser útiles en todo momento, pero el paladar
propio debe prevalecer en la decisión final. El criterio personal sobre la
calidad es una excelente guía rectora más allá de cualquier influencia externa.
- La noción del maridaje entre comidas y vinos resulta
fundamental cuando se quiere gastar con acierto. A veces, la desilusión frente
a un producto vínico determinado no está dada por sus propias falencias, sino
por haberlo bebido con un acompañamiento culinario incorrecto. Seleccionar con
cuidado los platos para la combinación es otra
sencilla manera de sacarle el mayor provecho a cada botella.
- En períodos económicos complicados, el intercambio de
opiniones y experiencias sobre vinos probados entre aficionados amigos es un
sistema muy útil (además de gratuito) para ir a la góndola con un buen dato.
- Nunca está de más llegar al comercio con un presupuesto
previo o una intención máxima de gasto, que evita derroches y arrepentimientos
tardíos.
- Los momentos de crisis representan una época ideal para
echar mano a las botellas compradas con anterioridad y guardadas en la
bodeguita personal. Así, la tormenta se hace más leve y la espera más corta,
hasta que lleguen tiempos mejores.
- La rutina de economizar por obligación puede parecer
antipática, pero deja muchas enseñanzas. Seguramente, quienes la practiquen
saldrán de ella fortalecidos, puesto que saber de vinos no significa tomar
solamente los más caros, sino estar familiarizado con la gama de calidades y
precios más amplia posible.
Fotos: © Starush | Dreamstime Stock Photos
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