HAY QUE MIRAR HACIA EL ESTE

El panorama internacional del vino se está modificando con rapidez, mientras nuevos jugadores pasan de ser espectadores a protagonistas. Dentro de ese fenómeno, China se perfila como el principal mercado global para las próximas décadas.




Crecimiento a tasas chinas se ha convertido en una frase hecha para los economistas globales. Su significado reside en los altos índices de desarrollo experimentados por el gran país asiático durante la última década, en concordancia con una fuerte apertura a las inversiones extranjeras. En ese contexto, que incluye además el acceso cada vez mayor a las referencias culturales de occidente, un producto como el vino no podía dejar de tener un sitio destacado. Ello es notorio, especialmente, en el ámbito de los jóvenes chinos, quienes sienten una enorme atracción hacia la nueva bebida, cautivante y seductora, que no consumían sus padres ni sus abuelos. Hay una nueva China, y en ella se está produciendo una revolución vínica cuyos alcances futuros desconocemos, pero que nadie puede ignorar. La pregunta, en este punto, es la siguiente: ¿está la Argentina preparándose para conquistar su tajada entre tantos millones de paladares anhelantes?


Como todo proceso de cambio a ritmo vertiginoso, es difícil acceder a cifras certeras cuando se intenta saber cuánto vino consume la población China, o cuantas hectáreas de vid existen en el país. Este último punto presenta algunos guarismos que, de ser ciertos, resultan asombrosos. Nadie parece saberlo con certeza, pero todo indica que las plantaciones de uva ya ocupan más de medio millón de hectáreas. No obstante, cualquier futura producción propia de vinos chinos no alcanza para abastecer su monumental mercado interno, al menos si se mantienen las cifras de crecimiento del consumo. Y es allí donde existe una gran oportunidad para todos los países vitivinícolas del resto del mundo. En esa nación increíble, donde cada día se incorporan miles de personas a la clase media (y en la cual, además, se agranda la porción correspondiente a “media alta”), los vinos de calidad pasan a ser un artículo con un provenir venturoso. Basta estar allí y ver la profusión de restaurantes, de bares, de hoteles de lujo y de todo tipo de comercios gastronómicos. Desde luego, todavía existe una masa gigantesca de personas que aún no han experimentado las sensaciones inherentes a la más noble de las bebidas, especialmente en las zonas rurales, pero su integración es una mera cuestión de tiempo, porque el vino llegó a China para quedarse.

Con todo, no veo un interés muy profundo entre los empresarios de la industria Argentina, salvo honrosas excepciones. El sector parece empeñado en seguir poniendo sus fichas en mercados sobresaturados de oferta y con pocas expectativas de crecimiento, como USA y Europa, tal vez ignorando que hay un nuevo mundo del otro lado del mundo, si es que vale el juego de palabras. Nadie dice que salir a ganarlo sea fácil, ya que los inconvenientes son muchos y de toda índole, desde coyunturales hasta estructurales. Pero no estaría de más, creo, sondear las posibilidades inmensas que parecen abrirse en China para los vinos extranjeros, lo cual incluye a los nuestros. No hacerlo sería desperdiciar una oportunidad que parece inmejorable a todas luces. Exportar no es algo sencillo en nuestros días, como todos sabemos, pero la esperanza generalizada es que las cosas cambien en el mediano plazo. Y es ahí donde hay que pensar en los nuevos escenarios, en los lugares que muy pronto pasarán a ser las estrellas de la exportación. China, estoy seguro, se encuentra a la cabeza del grupo.



Para finalizar, una anécdota que marca lo rápido que hay que actuar en el competitivo mundo actual si la idea es no quedar relegado. A la ida de mi reciente viaje a China tuve que tomar dos vuelos. En el primero, de la empresa KLM, sirvieron vino chileno. El segundo, de Amsterdam a Beijing, fue operado por la aerolínea Southern China, oriunda de ese país. ¿Adivinen de qué nacionalidad era el vino servido allí? Sí, adivinaron: también era chileno. 

Fotos: chinaperformancegroup / Gustavo Choren

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