La reciente celebración del Día
del Malbec representa una buena oportunidad para sondear algunas de las
alternativas que ofrece el mercado argentino en materia de su varietal
emblemático.
En
nuestros días, todo el mundo conoce la capacidad del Malbec para producir
algunos de los mejores tintos argentinos. Pero no siempre ocurre lo mismo con
su versatilidad, que permite elaborarlo de muchas maneras diferentes, dando
como resultado una asombrosa variedad de estilos. Este fenómeno, lejos de sorprender, debe considerarse como un
desarrollo lógico. En los últimos diez años, reconocida su condición de cepaje emblemático de la Argentina y
producido su posterior auge, fue objeto de incontables ensayos,
experimentaciones y desarrollos al nivel de su comportamiento en el viñedo y en
la bodega. Cada establecimiento ha buscado (y encontrado) nuevas fórmulas para
cultivar y vinificar “su” Malbec, a fin de lograr perfiles diferentes y novedosos que abran
nuevas vetas comerciales para la noble variedad. Jóvenes, frutados,
maderizados, complejos, añejos, rosados y licorosos son algunas de las siluetas
que hacen diferencias dentro de un patrón sensorial que no pierde tipicidad. En
función de eso, probamos siete etiquetas del mercado actual.
López Malbec 2011($ 38): un clásico, ahora
diferenciado entre su versión histórica y la que declara su varietalidad,
aunque las diferencias son mínimas. En todos los casos, el López tinto se
presenta sosegado, aterciopelado y tomable, apto para las comidas más
tradicionales de la mesa nacional.
Tapiz Malbec 2012 ($ 82): este hermano menor del
reserva es otro número puesto al hablar de tintos en los que la gente confía
por su constancia. Frutado, rico, redondo, bien fiel a su cepa y con un
sustento de cuerpo que satisface el paladar con plenitud. Así, el precio tiene
mucha lógica.
Las Perdices Malbec Reserva 2011
($ 110): una
de las claves del éxito de Las Perdices en el mercado es su prolijidad
enológica. Lejos de ser un eufemismo, eso quiere decir que son vinos siempre
impecablemente elaborados, limpios, expresivos y ricos. Como este Malbec, que
hace honor a lo antedicho.
Pródigo Malbec 2008 ($ 230): la joya del
emprendimiento de Alessandro Speri, hecho con uvas del prestigioso terruño de
La Consulta. Además de todos los atributos que uno busca en un Malbec de alta
gama, posee mineralidad y frescura que
hacen la diferencia y justifican, al menos en parte, su precio.
Casarena Malbec Jamilla’s
Vineyard 2010 ($ 245): la
concentración bien entendida transita por un camino en el que la potencia y la
robustez no desmerecen cierta elegancia y una mínima frescura que debe tener
todo vino para no convertirse en una burda mermelada líquida. La gente de
Casarena así lo entendió, como lo demuestra este Single Vineyard de porte
sabroso y cálido, robusto, pero también jugoso y tomable.
Puro Malbec 2010 ($ 260): hace algunos años, el
enlace entre “orgánico” y “de buena calidad” en materia de vinos parecía una
ecuación imposible. El Puro Malbec cuenta con las señas particulares de toda su
línea, y que personalmente me agradan bastante: elegancia y complejidad.
Rutini Encabezado de Malbec ($
329): ¿qué
hace un encabezado dulce en esta reseña? Justamente, recordarnos que nuestra
uva de bandera tiene muchas facetas que no deben ser olvidadas. Y una de ellas
es la de los fortificados al estilo Oporto, segmento en el cual el Rutini
Encabezado de Malbec se luce como uno de los mejorcitos. Un alcohol de buena
calidad para el encabezado, unido a una base varietal dulce con mucho cuerpo,
produce algo con mucho espíritu y una amplia capacidad de conservación en
botella, donde crecen sus virtudes.Foto: archivo Fondo de Olla


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